lunes, 31 de marzo de 2014

CUANDO 1982 PODRIA NO HABER OCURRIDO

El ambiente en el que nos encontramos es acogedor. La mesa y las sillas donde nos sentamos son sólidas y de un tinte marrón oscuro. Me ubico mirando hacia la ventana que da a un patio, observar el verde de ese patio me distiende. Rolando comienza a hablar sin premura. Hilvana cada una de las frases con sumo cuidado, y por momentos parece distraerse, la memoria se queja sin mucho esfuerzo, cuando tengas más años te va a pasar igual, le digo que ya me pasa… Salgo del Museo Histórico de Ituzaingó, me gustó conocer a Rolando Goyaud, tomar un café y conversar rodeados de objetos y presencias del pasado, me gustó la historia de la caja olvidada y ver esas fotos en blanco y negro, me gustó escuchar de Rolando el motivo por el  que me convocó: "Estas líneas en la contratapa del libro que editó", y cuando gano la calle -está fresco y ha comenzado a anochecer-, pienso que 1982 podría no haber ocurrido. Camino hacia mi casa y mientras voy sorteando las baldosas rotas de las veredas  una agradable pero extraña sensación que no puedo adjetivar, me envuelve.

La historia de la caja olvidada y su contenido:
https://docs.google.com/file/d/0B15DHCGffQTVYktYejlUaGszWlU/edit 

Contratapa del libro editado por R.Goyaud, "En Malvinas al servicio de Argentina"


Fuentes: Museo Histórico de Ituzaingó y diario La Voz de Ituzaingó
http://www.lavozdeituzaingo.com/2013/04/11/conociendo-a-rolando-goyaud/  (relato publicado en La Voz de Ituzaingó por D. Fuster)
http://es.wikipedia.org/wiki/Rolando_Goyaud  (biografía de Rolando Goyaud, director del Museo Histórico)

viernes, 7 de marzo de 2014

MUJER



Desde aquella vez en la que quemé mi epidermis con costumbres Ella ha dejado de tutearme, camina por su barrio colgando pedacitos de inexplicables, y aún se demora en la vidriera de la juguetería. Pienso que quizás se enteró que anduve tocándole las lágrimas o no le habrá gustado que fuera a la farmacia a curar mis manos del escozor que dejó su recuerdo. Veré si le escribo y le diré que me sigue gustando imaginarla preparando postres, ésos en los que me relamía como si fuera un chico, pero siendo un hombre.


sábado, 1 de marzo de 2014

NACI UN DIA DE CARNAVAL


La vieja me contó que el día en que nací era carnaval y que en esa época además no salía el diario por ser feriado. Hoy parece ser un hecho muy curioso la falta de diario en feriado, “¡Para lo que hay que leer hoy!” rezongaría la voz el abuelo. Esa ausencia de noticias impresas destacaba la relevancia que la sociedad de aquel entonces le daba a estos festejos. El Carnaval era una fiesta y como tal se festejaba. Cuando crecí e ingresé en la universidad, y  más tarde comencé a trabajar, estas fiestas con sus feriados  fueron desapareciendo. Hoy, las manifestaciones que van surgiendo, lo hacen desde el propio corazón de los barrios, porque decir Carnaval es decir barrio, o club, o potrero, o noche, o luces y también tarde de siesta. Valga entonces esta anécdota real y nostálgica que voy a contarles para recordarlo y recordarme naciendo en un día así, por allá en Bahía Blanca, la otrora “puerta” del sur argentino.

No tendría más de nueve años, vivíamos en el barrio La Falda cerca de una zona alta que llamábamos La Loma, la que portaba en su geografía los añorados baldíos, y que el avance demográfico junto a la modernidad fueron reduciendo hasta eliminarlos totalmente. Un baldío era una zona virgen, donde los pastos crecían sin control, y dependiendo de sus dimensiones, podía tener algún árbol que habría nacido guacho y también un camino que lo atravesaba. En las horas de calor el sonido de las chicharras era ensordecedor y provenía exclusivamente de aquellos pastizales. El baldío de esta historia estaba en una esquina y tenía loma propia, ocuparía una superficie equivalente a dos terrenos grandes y los vecinos para acortar camino lo cruzaban en diagonal, así el tránsito de peatones había marcado una cicatriz a través de los yuyos. Esa tarde andábamos en un grupo de siete, y llevábamos dos baldes de los que sirven para poner en remojo la ropa que no se puede mezclar con el resto porque destiñe, los baldes rebosaban de globos multicolores con agua. El Dani y el Toni, los dos más grandes lideraban el grupo, Marcelito el hermano del Toni era el más chico. Yo no era de primerear en nada, en hacer algo, o en hablar, no es que fuera tímido o miedoso, o careciera de iniciativa, más bien me mantenía atento y esperando que los acontecimientos  sucedieran. Lo cierto es que aquel día quizás envalentonado por el rayo del sol o aturdido por el ruido de las chicharras fui quién se dirigió al baldío de la esquina con dos globos de agua. Uno rojo y otro amarillo. La mujer –la víctima potencial-, que en realidad hoy advierto, sería una chica de casi veinte años, tenía el pelo negro cayéndole a plomo sobre los hombros, y también húmedo como si se hubiese dado una ducha reciente. Una solera blanca de escote redondo y muy corta destacaba su piel tostada. Llevaba lentes oscuros y una cartera al hombro. Me vio venir y se detuvo en la parte alta del baldío. La vi dudar por unos momentos, y cuando se quitó lo lentes su mirada era de sorpresa, luego de susto y finalmente de odio cuando el globo rojo reventó sobre una de sus clavículas desnudas. Abrió muy grande la boca tragándose todo el aire a su alrededor, no hacía frío, todo lo contrario, pero ella pareció tiritar por unos breves instantes, quizás de rabia. Después de esto no me acuerdo mucho, sí que salí disparando mientras el globo amarillo al que ya le había dado la espalda, iba con destino de su cabeza. Se escuchaba mucha bulla a unos metros proveniente del grupo, desconozco si me alentaban y vitoreaban, o me decían que me rajara que alguien se acercaba. Cuando pisé de nuevo las baldosas de la vereda me detuve para observar. Los pelos de la chica tan prolijamente peinados chorreaban alborotados y el rímel le surcaba los lagrimales derramándose en una línea vertical y sinuosa. Gritaba. El globo amarillo había reventado en su frente. No hacía falta saber qué decía, solo que me dio mucho miedo verla fuera de sí. Corrí muchas cuadras buscando a mis amigos que no pude encontrar. Cuando volví a casa, muy cansado, abrió la puerta mi abuela. “¿Dónde estabas?”, me preguntó intentando parecer seria, pero se le notaba que no podía debido a la facha que yo tendría. No atiné a contestarle, “Andá y cambiáte antes que vuelva tu papá del trabajo”, me dijo mientras me revolvía el pelo con su mano. Este es el espíritu que el Carnaval trae consigo y que deseo rescatar, la desfachatez de una murga, la música y las risas, la nostalgia de los pantalones cortos, y también la travesura. En definitiva, la alegría de los recuerdos. De los mejores recuerdos.

“Y cuando se acercaba la fiesta,
¿cómo explicar la agitación íntima que me invadía?”
Restos del Carnaval, Clarice Lispector


Nota del autor: los hechos y los personajes son verdaderos en su esencia, aunque seguramente la memoria distorsiona algunas cosas al recordar la anécdota. En la fotografía tengo 8 años, es la más cercana a la edad que tenía en el relato que pude encontrar. Al verla me di cuenta que la mirada de las personas pocas veces cambia aunque los años vayan pasando.

miércoles, 19 de febrero de 2014

CRUZAR

“Alguien me dijo una vez que no valoraba la vida.
Eso dolió. Duele, y seguirá doliendo”


Todavía el calendario de gmail una semana después me alerta: “FALTA UN DIA”, y agrega: “COMIDA PRIMER DIA”, aún no sé que voy a tardar más de doce horas y que el queso con pan que compré en el puerto de Chile será una gloria a la tarde del día siguiente. No sé que me sentaré sobre una piedra al costado del sendero, y que veré pasar a los que vendrán detrás, no sé que algunos alzarán la mano al verme y me sonreirán con cierto cansancio, todavía no sé que yo los observaré mientras almuerzo ajeno a esa fila interminable de rostros cansados, sucios, y sudados de muchas horas de andar, fila de la que provengo. Yerson me aconseja: “Más duele más tenés que andar, el dolor con dolor se apaga”.  Cuelgo la mochila a mi espalda y continúo. Comencé a cruzar allá por el dos mil uno cuando un accidente de auto casi acaba con mi vida. Por unos segundos o quizás solo fueran milésimas de segundo sentí que ya no pertenecía a este mundo, y pensé con un dejo de tristeza cuando el auto se elevaba en el aire: “… y todo lo que me faltaba vivir”. En esos momentos cuando ya nada depende de uno, se siente una intensa tranquilidad, es un sosiego inexplicable que no se desea abandonar, luego sobrevino el impacto que me devolvió al pavimento. Mi pie derecho entra en el barro y tantea, puedo sentir la geografía de la montaña a través de la suela de la zapatilla, busco un lugar firme donde descargar el peso del cuerpo y poder dar el siguiente paso. Busco avanzar. Luego mi pie izquierdo hará lo mismo, y así sucesivamente, derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, como cuando nos daban la instrucción militar en el ochenta y uno. Continuaré sin prisas y sin pausas, me iré introduciendo en la selva de montaña valdiviana como si llegara a una enorme residencia que me encandilará, y no importa ya mojarse porque la lluvia lo ha hecho hasta el hartazgo, tampoco embarrarse nos afecta porque el barro también ha hecho lo suyo. El barro, su consistencia y su profundidad, su estar debajo de un agua superficial que tramposa lo disimula, lo esconde, un barro de reaparecer constante, podía ser detrás de un árbol, o de un cambio de dirección, a veces en una zona en descenso, otras ascendiendo, el barro siempre ahí, permaneciendo y esperándonos con su olor pútrido a raíces muertas. Hay barro en tus piernas y también en tus manos. El barro seco y cortante que lastima. El barro del que provenimos. El barro que cientos de pisadas han amasado. Necesito cada tanto detenerme para extraer el agua retenida en las zapatillas, lo que interesa, lo que importa en realidad es continuar, no enfriarse, no mirar hacia atrás, no voltear, la vista al frente y al piso donde cada pie, cada paso que se va dando encuentre su lugar, la ubicación más segura y seguir, no es posible torcerse un tobillo, tampoco caerse, las ampollas y las uñas rotas son olvidables, faltan todavía muchas horas por andar, cuántas no lo sé, tampoco hay referencias de distancias, las cintas plásticas naranjas y violetas señalan el camino, la naturaleza se empeña en moverse y molestarnos, rayarnos las piernas y los brazos, pincharnos, darnos latigazos verdes, así es este lugar por donde estamos pasando. Todo es bello, majestuoso, pero también inclemente. Hay que subir, bajar, trotar, caminar, sentarse, hablar, sonreír, escuchar, querer dejar, querer seguir, quitar las gotas de sudor salado que arden en los ojos, pensar en tu vida allá, volver al momento acá, escuchar lo que dicen los otros, distraerte, inspirar, exhalar, ponerte la campera porque llueve, quitarte la campera porque ha salido el sol, reír con la boca muy abierta, creer que vas a llegar, pensar en quiénes pueden estar en la llegada, pensar en quiénes no estarán en la llegada, emocionarte mientras el agua que chorrea por la visera de la gorra cae sobre los anteojos enturbiando las lentes. El agua recorre tu campera y moja las piernas desnudas. Mientras, tus pies deliran, y duelen, y mientras sientas todo aquello, sabés que aún, es posible cruzar. Falta poco, poquísimo, y ya estás por cruzar la frontera, pero no es un límite geográfico entre dos países lo que estás por cruzar, no, no lo es, el cruce primero e inminente que estás haciendo es diferente y acaso brutal, tu condición física y tu estado mental, soportan, sufren, y siguen, y cuando comprendas esto, cuando logres ser lo suficientemente honesto para comprenderlo, entonces sí, habrás cruzado. Yerson en definitiva  tenía razón, el dolor con dolor… se paga.


La estadística dirá que:
Daniel Fuster, cruzó a pie la cordillera de Los Andes.
Que esto fue entre los días 7 al 9 de febrero del 2014.
Que desde la salida a la llegada insumió 58 hs, y que estuvo “andando” casi 24 hs.
Que participaron alrededor de 1400 personas y que recorrieron alrededor de 100 km.
La estadística dirá que llegó en el  puesto 1087. Pero todos sabemos que las estadísticas mienten.


lunes, 3 de febrero de 2014

QUE EL VASTO MUNDO SIGA GIRANDO, Colum McCann

“Todas las vidas que podríamos vivir, todas las personas a las que jamás conoceremos, que jamás seremos, están en todas partes. En eso consiste el mundo.”

El equilibrio de un hombre sobre una cuerda que une las Torres Gemelas, dos hermanos que se encuentran en el Bronx, la prostitución de las mujeres, Vietman con sus secuelas, son tramos del libro que McCann va enhebrando con recursos y tonos, ciertamente inesperados.

“Ciaran caminaba unos pasos delante de mí. Una persona puede parecer distinta de una hora a otra, según el ángulo de la luz del día. Creo que era mayor que yo, pero por un momento me pareció más joven y sentí el impulso de protegerlo.”

El encuentro y el desencuentro del ser humano traicionando lo que siente por lo que debería creer que siente.

“Me expresaba exactamente como Blaine, lo sabía. Todo lo que estaba haciendo era rechazar la culpa… Era como si hubiera incendiado la casa y buscara entre los escombros las cenizas de la que fui, pero sólo encontrara la cerilla que estuvo en el origen del siniestro. Me debatía frenéticamente, buscando cualquier justificación. Y, sin embargo, en algún rincón de mi mente todavía pensaba que tal vez era sincera, o tan sincera como podía serlo, tras haber abandonado la escena del accidente y haber huido de la verdad.”

Y la despedida siempre, porque en el mismo título del libro, por cierto, una frase hermosa, la vida sigue girando.

“Su mano rozó la mía. Ese viejo defecto humano del deseo. Pasé otra hora con él, durante la que apenas nos hablamos. El lenguaje corriente se me escapaba. Se volvió hacia el barman, le hizo una seña y le pidió dos copas más.
-          He de irme.
-          Me beberé las dos, replicó.
Salí del local. Antes de irme miré de nuevo hacia el bar. Ciaran estaba sentado a la barra. Cuando miró en mi dirección me quedé inmóvil. Entonces me apresuré a alejarme. En esta tierra hay rocas tan profundas que, por muy grande que sea la brecha, jamás verán la superficie. Creo que existe un miedo al amor.”

Que el vasto mundo siga girando, es el título del libro que en estos días estoy finalizando de leer. Premiada con el prestigioso National Book Award en el año 2009, la novela del irlandés Colum McCann es un desafío al pensamiento y también a la forma de vivir. Sus personajes llegan a todos los límites posibles, y bordean lo bueno y lo malo, la vida y la muerte. Y algunas veces los traspasan.

jueves, 23 de enero de 2014

BAJO FUEGO

“La oscuridad es otro sol”, Olga Orozco.


Avanzo inseguro detrás de él, y cada paso que doy, siento que no es solo avanzar a ciegas sino también que, cuando el pie, sea el derecho o sea el izquierdo, se hunde en ese sustrato de ramas que crujen, de hojas desperdigadas, de tierra suelta y espacios vacíos, podés caer y tener que levantarte luego sin saber las consecuencias de la caída, caerse en estos momentos puede ser una verdadera caída.


Unos pocos minutos luego de reconocer el sitio y lidiar con la hojarasca encendida, sobreviene la necesidad de saciar la sed que todo tu organismo reclama a través de la boca reseca. “Dejame y andá por agua”, le digo cuando escucho: “Ya está controlado y por suerte no hay viento, que sed. Qué sed”. Él habla desde su experiencia, desde las cosechas y los veranos acumulados, desde los riesgos, apuros y sobresaltos; pero también lo hace desde la tranquilidad que le transmiten las horas de máquinas andadas, reparadas, rotas y vueltas a reparar, de aquellas horas incontaminadas de los tractores aporcando, de los tiempos dedicados a las bromas, de risas y charlas en los breves descansos entre las tareas de los hombres rurales, hombres que llevan la tierra negra hundida en los pliegues del cuerpo, bajo las uñas, y que como si de una pátina se tratara se desplaza con ellos.

Hubo corridas. Primero, cuando apenas el corte de luz en la noche disparó en la conciencia preguntas sobre lo que podría haber ocurrido. Luego, él hizo ese pasaje cuando los sentidos de la percepción visual se murieron, y el cuerpo lo llevó fuera de la casa con premura, para percibir en la noche agobiante el calor del día, el calor de los días, la falta de lluvia, la necesidad de una lluvia, algo que en su respuesta no estaba del todo bien, el corte de luz limpio y sin titubeos de filamentos incandescentes resistiendo, no había sido habitual a otros cortes con los que el viento y las tormentas de agua lo tenían acostumbrado. Quizás fuera el aire que trajo los primeros rastros del fuego, o la vista que en el exterior, ya liberada de la súbita oscuridad de la casa, con todo el horizonte disponible, éste se tiñó con los destellos anaranjados del fuego. No fueron más de unos segundos los que pasaron, dos, tres, tal vez cinco, cuando José puso en movimiento los años acumulados de andar en el campo.

Avisar del incendio se transformó en otra cuestión urgente de dedos resbalando por las pantallas táctiles. Sin señal, todos comenzamos a deambular de acá para allá buscándola, gritándonos, cada uno con el celular en la mano observándolo con vehemencia, esperando el pequeño milagro, la escala de líneas en la pantalla, la señal telefónica, para pedir auxilio, y sin embargo, con tanta tecnología disponible y mientras José ya había partido a buscar los matafuegos, la tarea resultaba casi inútil. Antes habían sido las llaves del galpón que no estaban, la vuelta por las llaves, con dos matafuegos y una pala saltamos el alambrado, circunstancias que iban testeado la extrema vulnerabilidad al fuego, a ese fuego de la noche que es cuando mejor se lo percibe.

Ahora que es el día siguiente, veo los tajos en las piernas, veo que alguna espina ha quedado, que estas marcas pueden ser el llamado de atención que necesitamos. Las gotas del sudor cayendo sobre la frente, enturbiando y salando los ojos, gotas de un sudor ajeno, de un motivo ajeno. Trabajamos sobre el perímetro del fuego con meticulosa celeridad, la que nos permite este andar abrasador a contraluz. Doy con cuidado los pasos, las zapatillas que calzo pueden ser las primeras víctimas del calor del piso que no siento pero que intuyo. Intercambiamos pocas palabras, una pala y una rama gruesa son nuestras herramientas de control del fuego, a lo lejos los faros de la camioneta en la que llegamos alumbra y surgen deformes las sombras del monte, también las nuestras, imposible vernos las caras, y aquellos faros cruzados por una niebla caliente intentando un afecto remoto, el apoyo que nos hace falta mientras los bomberos llegan, y llegarán, pero no lo sabemos, no conocemos todavía que está haciendo el mundo por nosotros y este bregar nuestro entre las cenizas que va dejando el fuego.

El pequeño monte se alza como una trampa más en esta noche tan distinto de su sombra que sosiega durante el día. Caminamos el fuego, de alguna forma caminamos rodeándolo como si de una danza se tratara, paleamos tierra sobre el infierno chico y controlamos sus intentos por trascender para dar otro de sus espectáculos, evitar mañana  los titulares en el diario, de alguna forma quemamos nosotros también nuestros pensamientos porque no es posible en este momento pensar, hay que hacer, ahora, solo eso es, palear, seguir paleando la tierra ya chamuscada, seguir ahogando los brotes que aquí y allá el fuego alza como breves rebeldías requiriendo respuestas. Y aguardar. Los bomberos, ahora sabemos, están en camino. El momento está teñido de arañazos calientes y sed en la boca. Sudamos. Primero un coche, luego otro, y otro más, un cuarto vehículo aparece finalmente. Nos vamos a enterar que la autobomba se ha perdido en el cruce al llegar al pueblo, luego vamos a saber que hubo que ir a buscarla, que hubo que guiarla hasta el fuego mismo. Miro la hora, el cuarto vehículo ha sido la autobomba, los anteriores, dos de la policía y uno de la compañía eléctrica. Todo es materia opinable, que pasó, porqué pasó, era necesario arriesgarse así, y para qué hacerlo. 

Al día siguiente, la mayoría de los recuerdos se verán modificados por la luz, anoche, las escasas luces que daban forma a la oscuridad sofocante del momento, eran las llamas, esas que podrían si la fortuna hubiese estado de su lado, habernos lastimado y dañado de tal manera, que no habríamos olvidado esa noche. Los arañazos en las piernas se sienten con el ardor de la carne chamuscada, y desde los omóplatos hasta la cintura, la vida, el fuego, y el deber moderan y equilibran. Con la audacia se esconden los miedos, eso dicen.

miércoles, 15 de enero de 2014

EL HOMBRE DE LA MIRADA MELANCOLICA


En general las personas creen que la poesía es algo extraño y solo para gente muy particular o “rara” y arrugan el ceño cuando escuchan recitar un poema. Nada más alejado de este pensamiento, porque la poesía está entre nosotros para ser descubierta, incluso está en esas mismas personas que realizan aquellos gestos. Solo hay que tener el valor de detenerse y mirar, o escuchar-saborear-tocar y olfatear. ¡Hay que usar los sentidos! Porque la vida es poesía aunque al escribir esto corro el riesgo de ser considerado “trillado”, pero no me importa, porque exponerse a ello, también es poesía. Hace tiempo que en la escritura que hago he intentado tomar distancia de la prosa considerada poética, no obstante esta vuelve una y otra vez, y sin pedir permiso se instala en las historias que imagino y también en las que vivo. Y cuando repaso ese texto me sonrío por esos vanos intentos de erradicarla.

Escribió Juan Gelman:
Si me dieran a elegir, yo elegiría este amor con que odio, esta esperanza que come panes desesperados. Aquí pasa, señores, que me juego la muerte.
Cómo será pregunto. Cómo será tocarte a mi costado. Ando de loco por el aire que ando que no ando.
Ayer, murió en México Juan Gelman, el hombre de la mirada melancólica, y quería de alguna forma recordarlo con estas palabras. 
Gracias Gelman... por tu valentía. 

lunes, 6 de enero de 2014

CARTA A CORTAZAR

"Yo describo, y defino, y deseo esos ríos, ella los nada...
Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente,
por la Maga, que me juzga sin saberlo.
Ah, déjame entrar, déjame ver algún día como ven tus ojos."
RAYUELA, Julio Cortázar



Estimado Julio, no puedo dejar de contarte que a pesar de todas las macanas que me mandé sigo ahí, ella me quiere y no me ha echado de su vida, no obstante, igual sufro, y no sé si no lo hago más que antes. Que porqué te escribo, es que me parece natural hacerlo, pero voy a ser concreto así te doy algo más que esta latosa carta donde te hablo de mi amor por ella. Te escribo por tus cuentos, porque después de leerlos una y otra vez, no me cabe la menor duda que si alguien entiende de mujeres sos vos. Claro que hay que partir de la base que a las mujeres es posible entenderlas, aunque en este sentido soy bastante pesimista, es que ese halo de cierto misterio que despliegan con sus medias sonrisas y sus gestos, y también con sus silencios, o esa forma que tienen de vestirse y de mirar las cosas, y que son parte de su atractivo, es decir, la encantadora seducción de la mujer, nos confunden.

Miramos algunas fotos, charlamos. Que bien me sentí mientras lo hacíamos, y cuando la escuchaba tuve una sensación nueva que no había experimentado con ella a pesar de que hace tiempo que nos conocemos, escucharla hablar de cualquier cosa, con tiempo, sin nadie alrededor, luego de habernos amado, fué diferente, le dije: “Contame algo nuevo”, y así lo hizo, algo que a ella le viene de muy adentro y que hace con sumo placer y se le llena la boca de agua cuando lo cuenta, y te decía Julio que cuando nos miramos en ese espejo uno al lado del otro, yo algo detrás de ella, y mi mano sin prisa y sin excusas le recorrió la espalda y se acercó a la parte inferior del vestido y subió por su muslo, quise quedarme, pero ya no había tiempo, pasaban a buscarla  y me tuve que ir.

Algunas personas me dicen que algo de vos tengo. Me gusta eso, me hace sentir más alto y cuando camino por la calle sonrío. Mis lentes de carey están sobre el escritorio y veo que son parecidos a los que llevabas puestos en esa foto que te sacaron cuando volvió la democracia a la Argentina en el 83 y te encontraron caminando la ciudad, reconociéndola, dicen que andabas por la zona de la Avda. de Mayo y la peatonal Florida como un turista, ¿Te acordás?

Luego hubo que pasar la noche sabiéndola bailar y sonreír con otro. Pero amaneció un día hermoso, y hoy es sábado, y escribirte Julio me ha hecho mucho bien, y mientras ella duerme en su cama, voy a pensar que está sola con mi recuerdo, porque necesito sentir que aunque no la vea por un tiempo, aunque no me escriba, aunque no me hable, porque ella dice necesitar irse de esa forma, separarse de mis besos para recibir otros besos, quiero creer que seguirá siendo mía como ayer cuando yo la tenía rodeada con mis brazos, mientras ella me tenía rodeado por sus piernas. Creo que en esta vida casi todo tiene solución. Nosotros no. Nuestros presentes y nuestros pasados colisionan permanentemente a pesar del amor, y me pregunto si tendremos futuro.

Te mando un abrazo y espero que tus cosas anden bien, y que me cuentes que estás escribiendo en estos días, o me escribas de lo que se te ocurra, tus cartas siempre se disfrutan como si uno estuviera leyendo un cuento, aunque me corrijo, vos en realidad escribís las cartas como sos, como sentís la vida, y como la vivís, porque lo que ocurre en realidad es que tu vida se parece mucho a lo que nosotros, aquí, donde amo, vivo, leo y escribo, manteniendo siempre ese estricto orden... te decía que tu vida, se parece mucho a lo que nosotros aquí, llamamos "un cuento". El riesgo está en vivir así. Pero es tan lindo que así fuera, que yo viviría ese riesgo. Pero solo, lo que se dice solo, no se puede.



domingo, 22 de diciembre de 2013

TIEMPO DE DESEOS


Hoy hace casi un año me realizaban esta entrevista en Canal 9 TV Bahía Blanca con motivo de la presentación de la 2da. edición del libro de cuentos La abuela Luisa y otros relatos, en la misma hablo no solo del libro a presentar sino también de una nueva novela: CRONICAS sobre 1982
He recorrido mucho camino durante el año 2012 y también durante el 2013 con mi proyecto de la novela CRONICAS sobre 1982 que hoy he dado en llamar CRONICAS de Piedrabuena y con el que participo en concursos literarios. Mientras, sigo buscando en editoriales y agentes literarios nacionales e internacionales quién se interese en las mismas. La entrevista de solo tres minutos es fiel en contenido y emoción y transmite lo que para Daniel Fuster significa escribir. Es una parte de mi forma de vivir, y por sobre todo, es un deseo en tiempo de deseos.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Lo leíste?

Silvia HOPENHAYN, Alfaguara, 2013

Daniel Fuster, 11 de Diciembre 2013

Dice Hopenhayn en el prólogo : 
“Es una rara sensación de acople entre el texto que voy leyendo y mis ansias de compartir el efecto de su lectura; como si pescara algo intrépido de lo humano que aparece en lo escrito, y quisiera atraparlo antes de que se funda nuevamente en la historia… “
La presentación del libro fue en DAIN Usina Cultural el pasado jueves 5 de diciembre, y el panel estaba compuesto exclusivamente por “Libreros”, pero cabe aclarar aquí lo siguiente, transcribo los conceptos de Natu Poblet (Clásica y Moderna): Yo creo que estamos convocados como lectores antes que como libreros. Y el desarrollo del encuentro-presentación le dio la razón, porque hablaron de la lectura, de su intensidad, del placer de la misma, de la necesidad de compartir esas lecturas, del deseo de recomendar un libro. 

Alguien dijo, La lectura es una pasión que a menudo despierta otra: la de recomendar”.


Esta no es una reseña común sobre un libro, porque el libro no es un libro común. Para comenzar el título es una pregunta, que no deja de ser un cierto desafío, o una incomodidad como bien expresó con humor Luis Mey (flamante Premio Ñ 2013).

La dedicatoria que se encuentra al final rompiendo cánones literarios es otro de los detalles singulares del libro, y es por cierto muy bella:
A mi padre, Benjamín Hopenhayn, por su cuidado de las palabras y la alegría de la lectura, in memorian.

El espíritu del lector está reflejado en esta poesía:
“Ah, ese frescor en la cara de no cumplir un deber/ Faltar es, positivamente, estar en el campo./ […] Respiro mejor ahora que ha pasado la hora de las citas./ Falté a todas, con deliberación en el descuido/ […] Soy libre frente a la sociedad organizada y vestida./ Estoy desnudo, y me zambullo en el agua de mi imaginación./ Es tarde para estar en cualquiera de los dos puntos/ donde debía estar a la misma hora…/ Pues bien, aquí me quedaré soñando versos y sonriendo en cursiva./ ¡Es tan graciosa esta parte lateral de la vida! […]”. Extracto del poema de Álvaro de Campos (heterónimo del poeta Fernando Pessoa) incluido por la autora en Día del lector: el nacimiento de Borges.
Noemí Bank (Librerías Santa Fé), nos trajo anécdotas de la infancia de Silvia, cuando su padre la llevaba a la librería a escoger sus lecturas. Nos cuenta la misma Silvia en La palabra que inventó María Elena Walsh. “Uno de mis libros de cabecera, en el sentido literal de la palabra, un libro que durmió debajo de mi almohada, que se cayó de mi cama, que me esperaba despierto en la mesita de luz, o sea, que siempre estuvo cerca de mi cabeza, al menos en mis primeras lecturas, fue publicado el mismo año en que nací. Dailan Kifki, de María Elena Walsh… Yo tenía algo de ese elefante y quería que ese elefante tuviera algo de mí”.
Cuando a Silvia -que realiza una columna semanal para el diario La Nación- el día anterior le preguntan sobre que va a escribir, responde invariablemente: “No lo sé”. En esas tres palabras sobreviene el porvenir, cierta esperanza, una ilusión, una sorpresa que también es una incerteza. Es como el comienzo de la lectura de un libro nuevo. Imagino a Silvia sentada en su escritorio de espaldas a una ventana, es media mañana de un martes. Cuando alza la vista y observa su biblioteca, el cursor titila en el archivo que ha abierto en su pc. Piensa en las novedades que ha recibido durante el mes en curso y que se apilan en una esquina del escritorio, tiene los lentes puestos, sonríe al recuerdo de alguna anécdota o hecho reciente, de pronto se instala la serenidad en su rostro, no hay apremio, pero si decisión, ha logrado atisbar lo que quiere escribir y sonríe, se divierte imaginando el transcurso de su columna, recorre y reconoce los bordes que impone la edición de la misma en el diario, ¿Leíste todo esto reseñado en tu libro?, le pregunto. Silvia suspira y contesta, aunque en realidad piensa: “Es apenas una parte”, pero no me responde porque no estoy ahí. Me quedo pensando en ese apenas como un pedazo de mar en el que nos damos un chapuzón, el mar tan vasto, tan inalcanzable, tan inalterable; y en lo parecidas que son las sensaciones de sumergirse y de vastedad con el mundo de la lectura.


La presente reseña ha sido publicada  en Casa  de Letras, Escuela de escritura y oralidad, 
Silvia HOPENHAYN, (1966), escritora y periodista cultural. Dirigió el suplemento El Cronista Cultural; fue columnista de libros en radio; condujo en televisión programas literarios, los más recientes, “Mujeres x Hombres” y “Hombres x Mujeres”, recibió los premios Julio Cortázar de la Cámara Argentina del Libro, Konex de Oro, ATVC y FundTV. Fue corresponsal para Televisión Española del programa “Los libros” e integró el Jurado del Premio Alfaguara de Novela. Es coatura de los libros de ficción Cuentos reales (2004) y La espina infinitesimal (2006), y autora de la novela Elecciones primarias (Alfaguara, 2011) y los libros de conversaciones con escritores La ficción y sus hacedores y Ficciones en democracia. Tradujo, entre otros autores, a Gérard de Nerval y Jean Cocteau. Actualmente, es Jurado del Programa Sur para la traducción; escribe una columna semanal, “Libros en agenda”, en el diario La Nación; realiza el ciclo “En busca de un personaje” en la Casa de la Cultura (FNA) y el taller de lectura “Clásicos no tan clásicos”. Es docente de Casa de Letras, dictando cursos de Lectura y Análisis de textos.

martes, 26 de noviembre de 2013

DE LOS JUEGOS DE CORTAZAR

... Como el juego marcaba estatua, le elegimos cosas preciosas que iban bien con las alhajas, muchas plumas de pavorreal para sujetar el pelo, una piel que de lejos parecía un zorro plateado, y un velo rosa que ella se puso como un turbante. La vimos que pensaba, ensayando la estatua pero sin moverse, y cuando el tren apareció en la curva fue a ponerse al pie del talud con todas las alhajas que brillaban al sol. Levantó los brazos como si en vez de una estatua fuera a hacer una actitud, y con las manos señaló el cielo mientras echaba la cabeza hacia atrás (que era lo único que podía hacer, pobre) y doblaba el cuerpo hasta darnos miedo. Nos pareció maravillosa, la estatua  más regia que había hecho nunca, y entonces vimos a Ariel que la miraba, salido de la ventanilla la miraba solamente a ella, girando la cabeza y mirándola sin vernos a nosotras hasta que el tren se lo llevó de golpe. No sé por qué las dos corrimos al mismo tiempo a sostener a Leticia que estaba con lo ojos cerrados y grandes lágrimas por toda la cara. Nos rechazó sin enojo, pero la ayudamos a esconder las alhajas en el bolsillo, y se fue sola a casa mientras guardábamos por última vez los ornamentos en su caja. Casi sabíamos lo que iba a suceder, pero lo mismo al otro día fuimos las dos a los sauces, después que tía Ruth nos exigió silencio absoluto para no molestar a Leticia que estaba dolorida y quería dormir. Cuando llegó el  tren vimos sin ninguna sorpresa la tercera ventanilla vacía, y mientras nos sonreíamos entre aliviadas y furiosas, imaginamos a Ariel viajando del otro lado del coche, quieto en su asiento, mirando hacia el río con sus ojos grises. 
Extracto, “Final del juego” (1956), Julio Cortázar
ilustración: Patricio Plaza

sábado, 16 de noviembre de 2013

ESTA MAÑANA

El cielo se parecía a un océano que reclamaba ser nadado, y lo curioso era que no me encontraba en la costa de ninguna playa, tampoco era el borde de un acantilado, estaba sencillamente en la ciudad.


Estar así era como sentirse al revés de algo, como la certeza de estarlo soñando sin el clásico temor a que un sonido cotidiano y reconocido, me colocara con los pies en la vida.
Me permití así nadar aquel mar que se descolgaba de mi pensamiento en el trayecto por el sueño,  y llegué. 
¿No escuchas el remolonear que la cerradura produce ante el contacto de la llave?
¿No ves acaso que estoy intentando abrir la puerta? 

sábado, 9 de noviembre de 2013

UN DETALLE TRIVIAL

Libro de María José EYRAS.
¡Atención lectores! 
A no dejarse engañar por la ingenuidad con que la autora titula su primer libro de cuentos, que no es su primer libro. El título en sí ya es un desafío al que ALCION Editora se suma proponiendo una edición despojada de las habituales tapas. Con apenas un “detalle” ilustrando la misma, parece decirnos: 

“Señores el libro de María José EYRAS no necesita de bombos ni de platillos, pasen y lean”.
Los escritores nutren su imaginario de la vida misma, de la que viven, de la que los otros viven, y de la vida que no se vive. Pero si bien la vida de una persona queda signada por acontecimientos, “Se recibió de doctor”, “Aprendió violín de chico”, “Mató a su mujer”;  hay situaciones menores, detalles, trivialidades, que sin ser advertidos van contribuyendo a los principales hechos que serán recordados.
Esos detalles triviales son los que justamente EYRAS percibe, y con delicadeza y cierta picardía, no exentas de nostalgia, despliega en los cuentos.
Los relatos incluidos en este libro no dejan de interpelar al lector sobre el amor que aparece en todas sus facetas, el fraternal y el pasional, el amor que duda si es amor, el amor que nos tiene conformes y seguros, y el platónico. También EYRAS se anima ubicándose en el papel masculino del amor y lo logra. Una mujer casada se debate en la posibilidad de dejarse llevar por amor y pregunta:
-Mamá, ¿alguna vez te enamoraste de otro?
Los jazmines ausentes, la bolsa para los mandados, el recorrido de un guardia por un country. Textos donde abuelos, primos, vecinos; viven sus vidas con total naturalidad, mientras el narrador indaga en las pausas de los relatos sobre el sino de cada uno. Hernán Ronsino en la contratapa del libro dice: “Para qué escribir se pregunta un personaje del libro”.
“De pronto, Vera se siente agotada como un limón seco olvidado en un rincón de la heladera”. (Extracto del cuento Redención)
¿Hace falta una respuesta?


UN DETALLE TRIVIAL
de María José EYRAS
cuentos
ALCION Editora
Presentado en la Fundación Tomás Eloy Martínez
1 de Noviembre 2013

sábado, 26 de octubre de 2013

LAS 3 ALICIAS de MUNRO

Por Daniel Fuster

"Yo siempre pensé que iba a ser novelista. Me decía que cuando mis hijos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos. Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa."

Sentí una alegría muy particular al conocer la noticia de este premio Nobel para Alice Munro, para mí el más justo de los últimos tiempos, y enseguida pensé en Cecilia y María José, quiénes de alguna forma con su manera de desarrollar los talleres en los que participé consiguieron que la lectura de los cuentos de Alice fueran saboreados y disfrutados con delicadeza y claridad literaria.


Recuerdo que fue alrededor del 2008 que una reseña sobre Munro llamó mi atención. “El egoísmo de una rebelde puritana” era el título de la misma. Se estaba anunciando su libro más autobiográfico, “La vista desde Castle Rock”. Por esa época yo me abocaba a la búsqueda de autores contemporáneos. Mi tiempo de leer a los clásicos estaba algo fatigado, como asimismo (aunque aún no lo advertía) en breve comenzaría a dejar de escribir poesía de manera habitual.

"Escribo sin pensar si hay un tema de fondo, pero sé que una idea sólo me interesa si tiene alguna complejidad moral, si tiene varias aristas. No es que me guste crear personajes que estén reflexionando sobre problemas morales, pero sí marcar cómo de las decisiones que uno toma, de las rutas que se elige, uno se puede arrepentir tiempo después."

Escogí para homenajear a Alice Munro tres fotos que la ilustran en diferentes momentos de su vida y también tres párrafos de ella que intercalé en la reseña, que de alguna manera tienen su correlación con esas imágenes, LAS 3 ALICIAS de MUNRO, tres momentos en su vida.

"No sé si es porque a mi edad me sigo rebelando contra la educación puritana, pero amo la ropa, amo salir de shopping y tener un almuerzo como éste que sea una excusa para arreglarme en medio del campo. Pensá que durante treinta años yo cociné cada bocado que mi familia y yo nos poníamos en nuestras bocas. Cuando nadie mira, devoro Vogue, ..."


fuente de las citas:  por Juana Libedinsky  | LA NACION-2008

viernes, 11 de octubre de 2013

KOHAN EN ACCION

Por Daniel Fuster

Lo primero que se siente cuando uno ve a Martín de cerca es la energía que despiden sus ojos, luego cuando comience a hablar va a ser difícil detenerlo, pero lo que dirá no tendrá desperdicio.
Martín (ex alumno del Colegio Nacional Buenos Aires) debe haber sido inquieto y desobediente, el afán de María José (Eyras) de intentar poner cierto orden durante el desarrollo de la charla es una batalla perdida, porque Martín tiene tanto para decir –y lo dice -, que el mundo a su alrededor (nosotros) y las consecuencias que esto puede traer no importan.


No comienzo a escribir hasta que la novela no se ha consolidado en mi mente, pero cuando lo hago comienzo a despejar de mi entorno los compromisos, la familia, los amigos, las amantes y no me detengo. Dice que escribe todo a mano por el placer físico que le produce. No hay como tachar y ver lo tachado, esa corrección es muy diferente de una corrección en la computadora.  No puedo escribir en casa, necesito de los bares y de los cafés. Tips de un Kohan que nunca se detiene. 
¿Este tipo respira?

Sentado cerca de mí hay una persona plena de entusiasmo por lo que hace, un cuaderno Gloria o quizás sea Rivadavia, al que casi no le quedan hojas en blanco lo acompaña, viste una remera celeste deportiva y es fanático de Boca Juniors.
Cuando comienzo a escribir, lo hago con la sensación de estar en terapia intensiva, nos dice. Martín habla, habla, y habla.
Para mí la literatura es CONCIENCIA DE FORMA, y vuelve posible lo que es imposible.


Martín Kohan Premio Herralde 2007, por su novela Ciencias Morales.
Espacio de lectura y análisis de textos que dirige María José Eyras

10 de Octubre 2013, en Moreno 590 – Asociación Ex alumnos CNBA- CABA

viernes, 20 de septiembre de 2013

NO TENGO PROBLEMAS CON LA PAGINA EN BLANCO

por Daniel Fuster

Claudia Piñeiro tiene una mirada directa, es clara en sus conceptos y muy precisa, no hay espacios en su forma de hablar, y curiosamente no abruma. Cuando te responde, es inevitable prestarle atención.
"No tengo problemas con la página en blanco", y luego de decir esto, Claudia agrega que todo lo contrario, que su problema es con el exceso de escritura, “Tiro mucho, corrijo, descarto y vuelvo a escribir”.
Mientras se desarrolla la reunión, percibo que casi no es necesario formularle preguntas, ella capta la idea de lo que intentamos decir y desarrolla sus respuestas intercalando anécdotas que amenizan.
Conozco su escritura, he ido leyendo sus novelas desde que se consagrara con “Las viudas de los jueves” en el Premio Clarín Novela del año 2005. Considero que los que escribimos debemos conocer y leer, lo que se está premiando en ciertos concursos. Saber cuál es el pulso vital de lo contemporáneo en materia escritura.
¿Disparadores para tu escritura?, “Trabajo con imágenes”, dice. ¿Qué estás leyendo actualmente? : “Las diez novelas finalistas del premio Clarín 2013”, todos nos reímos. 

Mientras escuchamos sus palabras y la jornada va llegando a su fin en el departamento del barrio de Palermo en el que estamos, una imagen está presente, la de estar escuchando a quién ha hecho un Oficio de esta pasión por la escritura.


19 de Setiembre, 2013.
 lugar: Taller de escritura Laura GALARZA, Palermo, CABA.

recomiendo de su obra:  BETIBÚ, novela policial, Alfaguara 2011

Fotografía de Rocío Pedroza, cortesía de Revista Literaria La balandra

viernes, 6 de septiembre de 2013

ES MUY TEMPRANO PARA HACER MALDADES

Hoy los forcejeos para llegar al medio del vagón no fueron tantos. Atravieso el culo que pone un pibe que está de espaldas y la cartera de la vieja a mi izquierda me hincha las pelotas durante todo el viaje. Lo que no me gusta es cuando el tipo con colita en el pelo me arrima la espalda al pecho. Le miré la mano de nena tocarse la nuca. Asco me dio y casi estornudo al olerle el spray que se había puesto. Viajo en tren. Llego tarde al laburo, pero cuando ya es tan tarde, me convenzo que no importa y eso de alguna manera me tranquiliza. Está tan lindo que en un día así dan ganas de quedarse en remera y sentir el fresco del viento en los brazos.
Cuando salgo de la estación compro un café con leche y un pedazo de torta por siete pesos y me cruzo a la plaza. La humedad del día, las palomas y los restos de comida ocupan las veredas. Me ubico entre una cagada de paloma, y un tipo a mi derecha que está tomando un café. El hombre mira el piso apoyando los antebrazos en sus rodillas. Ella llega con el pelo recogido. Morocha, de baja estatura, y con mochila a la espalda. Veinte años. Alcanzo a escuchar lo que le pregunta al hombre, y cuando éste parece que va a responderle, en lugar de eso resopla. Suspira con el fastidio que da la interrupción de algo que requiere concentración. No la mira. Tampoco le contesta. La chica se queda ahí esperando y me da algo de pena, así que intervengo justo cuando el hombre parece tomar coraje para decir algo pero no llega a hacerlo. Adónde vas le pregunto, y el hombre vuelve al piso cuando la chica me descubre. Luego de un momento dice: a la Capital. Estás en Capital le digo sin sonreírme, aunque su respuesta es de risa, y curiosamente me encuentro pensando que es muy temprano para hacer maldades. 

sábado, 24 de agosto de 2013

XUL SOLAR en la Bienal de Venecia 2013

Massimiliano Gioni, curador de la 55a Bienal de Venecia, ha invitado al artista Xul Solar a integrar el guión curatorial 

Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari (Xul Solar) nació en San Fernando en 1887. De chico hablaba con naturalidad cinco lenguas, en las que podía poner en palabras el mundo que lo rodeaba: latín, alemán, italiano, francés e inglés.
Vuel Villa (1936) Acuarela 

El caso de Xul Solar es único. Alquien que vivió en su tiempo y al margen de su tiempo, y construyó una obra inmensa, creó un mundo de asociaciones, signos, letras y misterios, entre la magia, los astros, la música y la acuarela. La correspondencia musical y la paleta lo asocian con Paul Klee.

Borges dijo: "Hombre versado en todas disciplinas, curioso de todos los arcanos, ... Xul Solar es uno de los acontecimientos más singulares de nuestra época".
Cortázar diría: "Enormísimo Cronopio".
La Nación del 23 de agosto de 2013 dice: "En el año Xul, la Americas Society de Nueva York, fijó la atención en la relación Jorge Luis Borges - Xul Solar para montar la exquisita muestra The Art of Friendship (El arte de la amistad) y descubrir los pliegues inéditos del vínculo entre dos figuras insoslayables de la Argentina del siglo XX". 
http://www.lanacion.com.ar/1612763-destellos-planetarios-en-el-ano-de-xul-solar

Museo Xul Solar, Laprida 1212, Palermo - http://www.xulsolar.org.ar/