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viernes, 19 de enero de 2018

APARECIDA



Hay en la foto de la tapa y contratapa del libro una cierta atracción. El celeste del cielo y el azul del mar y una mujer caminando por la arena, el hombro derecho un poco más arriba, y la cabeza apenas ladeada observando quizás una embarcación. La fotografía no logra que los brazos y las piernas pierdan esa cadencia que da el caminar con placer.
Una imagen que cruzada por erráticas líneas definen cierta antigüedad de la foto, y el título del libro simple, pero inquietante.
Novela biográfica pero también con un amplio contenido de ficción, porque está sostenida por los recuerdos, los de la autora y los de las personas cercanas a Marta Taboada, la protagonista y madre de quién escribe, y no son acaso los recuerdos una verdad a medias, o una verdad deseada y modificada por el deseo y la esperanza, o es una verdad que irrumpe desconocida y sin precaución, insolente, inclemente.
Aparecida es una novela realista, dura, y también emotiva, donde la realidad de aquellos años 70 siguió cobrando víctimas con el paso de los años en los descendientes, en sus memorias y en sus presentes, en los HIJOS de una sociedad argentina maltratada y despreciada por quiénes se creyeron dueños de la vida y además de la muerte.

Marta Taboada resultó APARECIDA después de 35 años de no estar, de saber y de no saber, años de búsquedas e incertidumbres,  unos pocos huesos, una polera sin mangas, un parte diario de un grupo de tareas, una esquina en Ciudadela, y un puñado de balas. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

CUANDO LA REALIDAD SUPERA LA FICCION (reseña)



Las hermanas Katherine y Sheila Lyon tenían 10 y 12 años respectivamente, cuando desaparecieron el 25 de marzo de 1975 en Maryland, Estados Unidos. Fue luego de caminar al Wheaton Plaza Shopping Center. Habían planificado comer pizza. Pero nunca más fueron vistas.
En el inicio de la novela una mujer tiene un accidente de tráfico del cual sale ilesa, pero se ve envuelta luego en una investigación policial.
Laura Lippman parte de un hecho real ocurrido en 1975, dos hermanas desparecieron en un centro comercial y nunca fueron encontradas, y escribe una novela intensa, dinámica e inquietante.
Lippman va trazando el perfil de esta mujer, del detective que toma el caso, de la abogada que la aconseja, de la doctora que la revisa. Cada una de las personas que toma contacto con la mujer es cautivada por ella de alguna forma, y desean ayudarla.
Es ella un poco extraña, lo es.
Es ella de una belleza intrigante, lo es.
Es ella inteligente, decidida, testaruda, lo es.
Es ella sincera... tal vez sí, tal vez no.
Al final, cuando todos ya están comenzando a comprender por qué actúa así, quién es ella realmente, Laura Lippman nos sorprende dándole a esta estupenda intriga policial y dramática un giro nuevo e inesperado.
¿Es ella una de las hermanas desaparecidas? Pero si lo es, ¿Cómo ha sobrevivido? Y, ¿Dónde ha estado todos estos años?

LO QUE LOS MUERTOS SABEN - Laura Lippman, Ediciones B, 440 págs.



jueves, 26 de mayo de 2016

UN MUNDO SOÑADO, reseña

Novela, 352 páginas, Salamandra.
distinguida con el Desmond Elliott Prize 2012

Hay libros que no sueltan.
Es decir, libros que no te permiten dejar de leerlos, o si tenés que hacer otra cosa estás deseando volver a ellos para ver como sigue la historia.
Hay libros que tienen la voz de un chico.
Dicen que los chicos no mienten, eso es lo que ocurre, entonces leer una historia narrada desde el punto de vista de un chico, tiene la brutalidad de la verdad lisa y llana.
Hay libros que además cuentan situaciones cotidianas y normales.
Que desprenden una tranquila normalidad que sacude.
Grace McCleen es una joven galesa que escribió un libro que no suelta, que tiene la voz de Judith,  una nena de diez años y que cuenta las cosas que esa nena vive ligada a un mundo, donde la religión es excluyente, donde el Armagedón, es decir el fin del mundo, está a la vuelta de la esquina.
Judith crea “Un mundo soñado” en su habitación. Con trocitos de telas, latas, cartones, alambres, vidrios y lápices de colores, esta chica tan particular y muy sensible, crece, y lo hace rodeada de estrecheces, tanto materiales como afectivas. Pero Judith también tiene esperanza como cualquier chico, que su papá le sonría y haga una caricia, y que también le vaya bien en el trabajo para que deje de angustiarse. Su mundo soñado.

Estructurada en capítulos breves, organizada en V libros (hay un guiño bíblico en ello), los diálogos que Judith sostiene con la maestra, con sus compañeros, con los vecinos y con dios; motorizan la novela. El lenguaje es simple y transparente. Un libro para el asombro, que se disfruta y obliga a reflexionar.

jueves, 5 de mayo de 2016

LAS COSAS QUE PERDIMOS EN EL FUEGO

                                                                                                               Mariana Enríquez

Acaba de aparecer el nuevo libro de cuentos de Mariana Enríquez, y quiénes la hemos ido leyendo a lo largo de su trayectoria literaria percibimos en la lectura de sus relatos algo que cuesta definir y que se parece bastante, a esos pensamientos que podemos tener de cuestionable moralidad, y que nos inquieta muchas veces compartir. El morbo en su justa medida.
No resulta sencillo escoger un cuento por sobre otro, decir que este me gustó más, o que aquel resultó un cuento soberbio, y ese otro es  apenas un relleno, sería injusto.
La mecánica de los cuentos de Mariana nos introduce con mucha (demasiada) naturalidad en los hechos cotidianos y las relaciones humanas. En ellas hay cierto agotamiento, cansancio, desidia y disconformidad, y entonces ocurre algo.
Puede ser que aparezca una persona con alguna particularidad en su andar o le falte una parte de su cuerpo, un animal que se comporta de manera extraña, una casa cerrada y tapiada o una ruta poco concurrida, también un objeto que no podemos dejar de observar.
A partir de este momento ese elemento, o persona, o animal, nos irá guiando por la historia a un desenlace que el lector advertirá, se produce primero en su mente, es decir antes que lea la última frase del cuento.

Y acá radica lo mejor de la escritura de Enríquez. Ella logra mantener “incómoda” nuestra lectura, las cosas que cuenta Mariana incomodan, y en esa incomodidad tomamos la decisión de concluir inconscientemente el relato, y nos equivocamos, porque cuando llegamos al final, aquellos pensamientos de cuestionable moralidad y cierto morbo, han ocurrido dentro nuestro, y los relatos concluyen con la misma naturalidad (demasiada) con la que habían iniciado.

Mariana Enríquez
Anagrama, 197 páginas
Cuentos

jueves, 10 de marzo de 2016

L´AMICA GENIALE - Reseña

LA AMIGA ESTUPENDA, Elena Ferrante
Pengüin Random House, 388 páginas
novela



Tengo que reconocer que cuando leí la publicación que daba cuenta de este libro, ni el título: “La amiga estupenda”, ni el diseño de la portada me gustaron. Tampoco me había gustado ese halo a best-seller que se desprendía de la cantidad de ventas. Sin embargo de la nota, surgía el misterio creado alrededor del autor, desconocido, se dudaba que fuera una mujer, y solo daba entrevistas a través de un intercambio escrito con los editores. Sentí curiosidad.

“Vivíamos en un mundo en el que, con frecuencia, niños y adultos sufrían heridas que sangraban, luego venía la supuración y a veces se morían. Una de las hijas de la señora Assunta, la verdulera, se hirió con un clavo y murió de tétanos. El hijo menor de la señora Spagnuolo se murió de crup”.

UNA SORPRESA ESTUPENDA, así calificaría yo a esta novela (primera de la tetralogía Dos Amigas) que narra la relación entre dos chicas que van creciendo juntas en un barrio de gente humilde en la ciudad de Nápoles. Cronológicamente ubicada en los años de la posguerra, Lenú y Lila cuentan alrededor de 7 años. No conocen la ciudad más allá de las calles del barrio, nunca han ido al mar. En un ambiente social en el que el dinero no alcanza, donde vivir conlleva un esfuerzo, donde no parece haber futuro, y la hostilidad de la vida es manifiesta, una relación entrañable tiene su origen. ¿Estudiar?

“Lila apareció en mi vida en primer curso de primaria y enseguida me impresionó porque era muy mala. Todas éramos un poco malas en clase, aunque solo cuando la maestra Oliviero no nos veía. Pero ella era mala siempre.” 

A lo largo de la novela los hijos como los padres crean vínculos, afectos y rencores, lo único válido es trabajar, qué puede significar en ese mundo la lectura de un libro, pero para la hija del zapatero (Lila) y la hija del conserje (Lenú), los libros, el latín y el griego, el italiano y no los dialectos, las cartas y las conversaciones, trazarán un vínculo de amistad, donde una de ellas, Lenú (la voz narrativa) envidiará en Lila, esa forma de ser.

“En una de esas ocasiones levanté la vista un momento y vi a una muchacha alta, delgada, elegante, con un hermosísimo dos piezas rojo. Era Lila. Acostumbrada a atraer las miradas de los hombres, se movía como si en aquel lugar atestado no hubiese nadie. No me vio y yo dudé si debía llamarla.” Cuenta Lenú cuando ya han pasado varios años, y son adolescentes de 15 años.

Lila está siempre un paso delante de Lenú, en las lecturas, en los aprendizajes, en las relaciones humanas. Lenú por momentos la rechazará y se sentirá rechazada, y sin embargo el vínculo entre ellas no se romperá. Vivirán hechos duros y crueles, y habrá otros algo felices. Crecerán y a medida que esto ocurra, descubrirán cada una a su manera, lo que significa ser mujer, en una época y lugar donde los hombres tienen la autoridad que les da únicamente el haber nacido hombres, y los desafiarán con valentía.

“Yo creo que los libros, una vez que ya fueron escritos, no tienen ninguna necesidad de los autores. Si tienen algo para decir, los lectores lo encontrarán tarde o temprano y sino, no”. Elena Ferrante. 
Basta con haber leído esta novela para estar de acuerdo.

imagen del libro en su edición en Italia
origen supuesto de Elena Ferrante



viernes, 18 de diciembre de 2015

CHARLOTTE

CHARLOTTE SALOMON
Pintora, nació en Berlín en 1917 y murió en Auschwitz en 1943.

La imagen que ilustra la tapa del libro que noveló David Fuenkinos (Charlotte, Alfaguara, 2015) me conmueve, es Charlotte a una edad incierta que puede estar alrededor de la veintena de años. En la pintura, una estela de corazones surge de su mente. Ella está de rodillas y sentada sobre sus piernas, se la ve sumergida en un estado intenso de introspección. A pesar del colorido del conjunto, una triste nostalgia invade al observador. La pintura de Charlotte Salomon  es colorida, y su trazo, además de ciertos rasgos en la fisonomía de las personas que ilustra, me hacen recordar a Van Gogh.
Suelo ingresar a determinados libros con precaución, quizás advertido por una reseña o el comentario de un amigo. Ya en la librería recorro las mesas evitando la ayuda de los vendedores, voy descubriendo los títulos y tapas que llaman mi atención. Siempre reflexiono sobre la importancia de un título o una buena tapa. Agarro el libro y lo sopeso, es lo primero que hago, a continuación leo la contratapa, cuidando de evitar los comentarios siempre elogiosos de críticos, autores reconocidos y periodistas. Si lo leído sostiene la expectativa de origen, lo abro, paso las hojas, testeo la calidad de la edición y leo como empieza.

Es curioso como una vida de escasos 26 años, cuya existencia se desarrolla en los bordes de la muerte y es acechada por la historia de suicidios familiares, logre arrancar esas paletas de colores. Charlotte pinta este cuadro, y parece decirnos que el amor es una actitud interna, una apuesta obligada. Una honda nostalgia surge de su obra. El amor es posible, a pesar incluso de la muerte, de su muerte, de su propia muerte. Es ese amor el que la sostendrá y la ayudará a pintar una obra especialmente diferente, y es la pintura la que la alejará del horror que invade a Europa. En 1942 Charlotte le entrega a un doctor amigo un cartapacio con la obra, le dirá: “Es toda mi vida”. Poco tiempo después, los alemanes la capturarán en el sur de Francia y será llevada a un campo de exterminio.

Conmovido por la lectura de la novela de Fuenkinos,
valgan estas líneas homenaje, 
a su lucha por la vida misma.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

NO MIRES, NO PIENSES, NO HABLES

RACIMO, Diego Zúñiga
Literatura Random House, 248 páginas
Novela



por Daniel Fuster

Definición: La violencia de género es un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa su identidad y bienestar social, físico y/o psicológico.

Compré la novela sabiendo que tenía por delante un viaje de muchas horas a la ciudad de Córdoba. Y que con los kilómetros por recorrer, dispondría  del tiempo necesario, para pensar y reflexionar sobre el contenido y la forma en la que el autor desandaría algo tan doloroso y vigente, como es la violencia de género.
“Un cuerpo a un costado de la carretera: una silueta, el pelo largo hasta la cintura, una mochila, un jumper, los focos del auto que la iluminan en medio del desierto, de la noche.”

Así comienza la novela de Diego Zúñiga, un escritor de 28 años que tiene cara de chico, y en las fotos se lo ve casi siempre sonriendo, o mirando a la cámara con cierta picardía. La novela que acaba de llegar a la Argentina, “Racimo”, es una novela sobre la violencia. Una violencia que está basada en hechos reales ocurridos en Chile en la década del ´90.
Un pueblo receloso de la gente de afuera recibe a Torres Leiva, un fotógrafo de bautismos y casamientos, quién ha llegado a Iquique a probar suerte en el diario local. Esta es la voz que el autor utilizará para mostrarnos una ciudad y sus alrededores, marcados por la pobreza, sitios donde es preferible no vivir, donde los que llegan, casi siempre lo hacen pensando que están de paso, y si llegan a quedarse es porque no tienen alternativa.
“Piensa en cómo hubiera sido sacarle fotos a ella ahí, tirada a un lado de la carretera. Esa imagen se repite y se va a repetir por mucho tiempo en su cabeza.”

El fotógrafo va cubriendo notas para el diario, y mientras esto hace pasan cosas al parecer irrelevantes, poca cosa. Un perro ladra en la hora de la siesta. Un almacén cerrado. Un control de carabineros. Una persona que mira desde una ventana. Y sol. Y viento. Y calor. Y el desierto cerca, cada vez más cerca.
“El sol empieza a bajar, despacio. Los colores cambian. El sabor de la tierra en la boca. Torres Leiva lo mira, pero finalmente el carabinero no dice nada. Se sube al auto y parten hacia las fábricas. Se llevan el bolso con su cámara.”

Algunas chicas del liceo Pedro Prado de edades entre los 12 a los 15 años desaparecían. La gente las busca por los alrededores. La policía hace muy poco al respecto.
“Esa noche fueron a Carabineros a poner la denuncia, pero les dijeron que esperaran, que quizás estaba en la casa de alguna amiga o de algún familiar y que ya iba a regresar. Pero no regresó.”
Entonces ocurre algo. El fotógrafo se topa en la carretera con una “niña”, así las nombra el autor en la voz de los periodistas, de Torres Leiva, de García. Así las nombran los familiares, los amigos: “la niña”, “las niñas”. Así las seguirán nombrando siempre, incluso cuando se encuentre al responsable, cuando se lo sentencie, y sin embargo, y a pesar de que un padre, una abuela, un tío, las sigan llamando así, hace tiempo que han dejado de serlo.
 “La niña respira, pero no abre los ojos. Hay un sueño –en el sueño de Ximena- una historia de horror, piensa Torres Leiva, un relato quebrado y lleno de miedos, un lugar imperfecto, el viaje que nunca podrán reconstruir.”

Contada en la primera persona del fotógrafo, la novela avanza mostrando una realidad de ciudades lejanas de la capital. Lugares que han ido surgiendo debido a la explotación  de los  recursos locales. Sitios que han ido adaptándose a la rigurosidad del clima y también a la soledad de sus gentes. Porque si algo está presente a lo largo de la novela es ese silencio abrumador de los pobladores, y el menosprecio de una policía conscientemente inoperante.

Diego ZÚÑIGA, un escritor para seguir descubriendo.

viernes, 31 de julio de 2015

DELICIAS DE UN PUEBLO NORMAL

EL INVIERNO DEL LOBO, John Connolly
Tusquets Editores, 336 páginas
Policial negro

por Daniel Fuster



Invitado destacado del festival BAN 2015 (Buenos Aires Negra) que se desarrollará en Buenos Aires entre el 31/7 y el 8/8 próximos, este irlandés de 47 años ha escrito una novela inquietante.
En una localidad pequeña y tranquila llamada Prosperus, donde a pesar de la recesión económica la gente vive bien, un lugar donde los mayores deciden las normas de convivencia y las leyes que la rigen a través de un Consejo, un sitio donde los jóvenes no emigran a las grandes ciudades y en el cual el Jefe Morlan, comisario del pueblo recorre sus calles y las afueras del mismo velando por los vecinos, todo parece normal. Pero tanta normalidad es siempre y paradójicamente anormal.

Que ocurre en Prosperus que los jóvenes no emigran, y donde los hijos siguen los oficios de sus padres generación tras generación. Que pasa en Prosperus donde los pocos lugareños que han emigrado han decidido eliminar todo contacto con el pueblo, incluso desaparecer. En el comienzo de la novela un lobo herido huye de una matanza, un sin techo muere ahorcado, y una joven desaparece. El detective Parker, protagonista de los policiales de Connolly tropieza con la muerte de Jude (indigente e informante de la policía), comienza a investigar, viaja a Prosperus y se entrevista con el Jefe Morlan. A partir de ese momento el pueblo tan apacible hasta entonces se transforma, y como el lobo que huye y que está herido y con hambre, y que mata para sobrevivir, los hombres y las mujeres del lugar, también matarán para sobrevivir. Una iglesia traída piedra por piedra desde Inglaterra, los descendientes de aquellos que la trajeron, un dios con hambre.

A John Connolly sus detractores le cuestionan el uso de elementos sobrenaturales, sin embargo muchas veces la realidad contiene hechos que no pueden ser explicados ni razonados, solo presenciados, y son estos mismos hechos los que le dan vida a la vida misma.

fuente: EL ALMACEN DE LIBROS, http://blog.elalmacendelibros.com.ar/

domingo, 26 de abril de 2015

REPARAR A LOS VIVOS

Maylis de Kerangal
Novela, Anagrama

En el comienzo de la novela de Maylis de Kerangal, Simon Limbres regresa con sus amigos de practicar surf, la pasión que siente por este deporte lo ha llevado a convertirse en un buscador, es un “cazador” de olas que aguarda el momento en el que las condiciones meteorológicas hagan surgir a la presa de las entrañas del océano. Puede ser en Australia, en Nueva Zelanda, o en cualquier otra costa, puede ser incluso cuando duerme, Simon está siempre al acecho.
El vehículo en el que viaja con sus amigos sufre un accidente, y entonces, muere el cerebro de Simon, pero su  corazón sigue latiendo. Tiene 19 años.

A Thomas Rémige le gusta cantar y siente debilidad por el canto de los jilgueros. Cuando recibe la llamada, lo que escucha del director del hospital al otro lado de la línea, hace que su reloj interno comience a funcionar. Instantes después, con casco, botas y la cazadora cerrada, Thomas sube a la moto y arranca en dirección al hospital. Sabe que cada minuto cuenta, que a partir de esa llamada que acaba de recibir puede ser posible REPARAR A LOS VIVOS, de él depende.

La novela cuenta la historia del accidente de Simon volviendo de surfear, es también el dolor de sus padres por la muerte del hijo y sus dudas por la donación de los órganos, y es también otras muchas historias. Thomas sabe que para REPARAR A LOS VIVOS hace falta con qué. El tiempo apremia, busca con preguntas hacer reflexionar a los padres del chico inmersos en el dolor, necesita convencerlos, proyecta los silencios cuando son necesarios, y espera. Thomas, de alguna manera acecha la respuesta que permita obtener el consentimiento para que el corazón de Simon pueda seguir viviendo en otra persona. Y aunque suene duro, Thomas también a su manera es un buscador, Thomas se convierte a partir de aquella llamada telefónica en un “cazador” de órganos para REPARAR A LOS VIVOS.

Redactada con un ritmo muy particular que va in crescendo, la novela no se detiene, no puede detenerse, y no hay tiempo para ello. En las veinticuatro horas en las que transcurren los hechos, la intensidad de las situaciones que se narran, los diálogos y los silencios, laten, y seguirán latiendo aún después de la última página.

miércoles, 23 de julio de 2014

Lo único que se mueve en el paisaje son mis ojos y una serpiente

ENTREVISTA a Ariana HARWICZ
Por Daniel Fuster
LA DEBIL MENTAL
Narrativa, 112 p.
Junio 2014, editorial Mardulce


Conocí personalmente a Ariana Harwicz en un encuentro literario en Palermo en el marco de los talleres de escritura de Laura Galarza. Ariana había venido a Buenos Aires a presentar su última novela, “La débil mental” y dentro de lo apretado de su agenda y la inmediatez de su regreso a París donde vive, tuve la posibilidad de escucharla. Una escritora de escritura verborrágica como ella misma se define.
No recuerdo exactamente en qué momento surgió la idea de la entrevista, pero sí que fue leyendo alguna de las tantas reseñas que hicieron de su libro. Fue entonces que le pregunté si era posible hacerle algunas preguntas para que con sus respuestas y con una breve introducción de quién era ella y del libro, me permitiera publicarla en un sitio web del cual le suministré la información necesaria para que lo analizara. Al poco tiempo me llegó su respuesta afirmativa.
Destaco esta frase que me envió cuando se disponía a contestarme:
“Escribo ahora a partir de tus preguntas, lo único que se mueve en el paisaje son mis ojos y una serpiente.”

La entrevista salió publicada en el blog de Casa de Letras:
http://www.casadeletras.com.ar/blog/ariana-harwicz-me-gusta-la-manera-obsesiva-de-vivir-a-la-que-te-empuja-la-escritura/

Por Daniel Fuster

Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977. Estudió guión cinematográfico en el ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), dramaturgia en el EAD (Escuela de Arte Dramático) y completó sus estudios con una licenciatura en Artes del espectáculo en la Universidad Paris VIII y un máster en Literatura comparada en La Sorbona. La débil mental es su segunda novela. Actualmente vive en Francia.
Leer el último libro de Ariana Harwicz, que acaba de salir por editorial Mardulce me produjo vértigo. En la novela que se titula La débil mental y es el segundo libro de ficción de esta autora radicada en Francia hace ya varios años, se cuenta una relación entre madre e hija que llega a los límites de la naturaleza humana. Escrita en un lenguaje por momentos poético, introduce al lector en una montaña rusa de sensaciones que se van potenciando unas con otras:
“El mundo es una luna cortada a latigazos negros, a flechazos y escopetazos. Cuánto hay que cavar para dar con el desprecio, para hacer que mis días ardan.”
Al dar vuelta cada página de esta nouvelle, la realidad humana toca la crueldad y nos cuestiona: ¿somos así, somos esto? Ariana rompe cánones, aborda sin vueltas aspectos de la miseria humana, pero es curiosa la lectura de su prosa. Su forma de escribir nos lleva hasta el borde del acantilado que no deseamos mirar, pero a la vez nos quedamos ahí, observando todo.
Hace años que vivís en Francia, sin embargo el tono del libro y su lenguaje resultan muy naturales, muy de Argentina si se quiere. ¿Cómo se vive esa extranjerización de lo cotidiano? ¿Cómo creés que influye o afecta a tu escritura?
No vivo afuera ni adentro de nada y mi contacto con el habla sigue fluyendo con la misma intensidad. Una lengua es una corriente de pensamiento que no se detiene nunca. Además del habla, el pensamiento y la escritura,  están los sueños, y la voz de ese Otro que escuchamos. Lo que ya se sabe del doble de uno mismo apuntándonos, hostigándonos, en mi caso, además es verborrágica.
Se podría decir que no sos una escritora que viene precisamente de la carrera de Letras. ¿Cómo ha sido tu formación profesional y qué te ha llevado a la escritura?
Mi formación académica empieza en una carrera de cine y otra de guión, luego dramaturgia, Artes y Filosofía en Puán, Fotoperiodismo en Tea, Historia del Arte y Letras combinadas en dos universidades de París. A la escritura me llevó la intriga que me provocó siempre el acto de escribir. Eso de ver por ejemplo a un tipo acostado en un sillón con las patas en el apoyabrazos y saber que puede que esté escribiendo, en ese mismo instante, una frase brillante. Si escribís no estás comiendo y nada más, no estás andando en bicicleta y nada más. Me parece imposible. Nunca estás únicamente hablando. Me gusta la manera obsesiva de vivir  a la que te empuja la escritura.
¿Sos alguien que escribe con una rutina y respeta un espacio y un tiempo para escribir?
¿Me repite la pregunta? No rutina. Y sobre todo no espacio y no tiempo. ¡Sacrilegio! Cuando arranca, arrancó.
Al leer la novela uno va deduciendo que el lugar donde se desarrolla la misma mucho tiene que ver con una casa, pero dónde está esta casa. No hay negocios cerca, los vecinos no aparecen, el lugar de trabajo de las protagonistas tampoco, ¿trabajan acaso?, etc. ¿Qué podrías comentarnos en ese sentido y qué intentaste o imaginaste hacer al darnos esta no-geografía donde los hechos ocurren?
Es que no intenté ningún no-lugar. Pero la geografía donde fue escrita es cierto que es una no- geografía en Argentina. Es interesante lo que pasó porque fue escrita casi desde la mímesis, no en la manera de describirla, pero sí de situarse en escenarios realistas: casa, bosque, pueblito, zona industrial, rotondas con motoqueros, río con piedras, policías y enjambre de ramas. Todo eso que da como ecuación final la apariencia de un lugar afantasmado, poetizado, imposible, es en verdad,  de lo más concreto.
Pienso que el título del libro es una apuesta muy fuerte que hiciste, ¿Podrías contarnos cómo surge o si hubo la posibilidad que fuera otro? Lo que el imaginario común entiende por débil mental es muy distinto a las conclusiones que llega el lector al finalizar la novela, aunque la debilidad de la protagonista es evidente.
No había otro título porque eso es lo que les pasa. Son débiles mentales. La debilidad que le provocan los hombres las vuelve por momentos, puro cuerpo. En La montaña mágica el narrador dice que “la enfermedad vuelve al cuerpo, doblemente cuerpo”, acá ese efecto destructor sucede con el deseo.
La novela aborda temas que pueden ser considerados sórdidos, sin embargo tu lenguaje por momentos poético, y en otros vertiginoso, hace que los mismos sean “curiosamente” disfrutados. ¿Qué explicación le encontrás a esta sensación que produce tu escritura?
Intento que mi escritura esté todo el tiempo sumida al efecto de una tormenta. Oscuridad, luz, oscuridad. La estructura, la impresión visual de sorpresa y a la vez de temor que me genera una tormenta eléctrica me parece digna de una clase de dramaturgia. Eso sí, tiene que haber estallido. En La débil mental se va a lo hondo de una infancia cruzada por el sexo. En ese cruce hay mucha oscuridad, lo que podría volverla sórdida, lo que la salva es el deseo de vivir. La tentación de mantenerse en vida.
¿Cómo y cuáles son tus lecturas actuales? Y en relación con tus lecturas pasadas, ¿cuáles rescatás? Me refiero a aquellos autores que han perdurado a tu alrededor y te resultan necesarios.
Contestar esto es imposible. Las obras de arte  quedan incrustadas, pero también de algún modo los libros buenos y los mediocres. Y el fragmento de un poema del siglo VII. Y una exposición sobre la vida de Cleopatra. Y un cuadro. Y el comentario del cuadro o del libro. Y la nota al pie. Y una sonata. Y lo que pensaste al leer, lo que pensaron sobre un libro. Y así.

lunes, 3 de febrero de 2014

QUE EL VASTO MUNDO SIGA GIRANDO, Colum McCann

“Todas las vidas que podríamos vivir, todas las personas a las que jamás conoceremos, que jamás seremos, están en todas partes. En eso consiste el mundo.”

El equilibrio de un hombre sobre una cuerda que une las Torres Gemelas, dos hermanos que se encuentran en el Bronx, la prostitución de las mujeres, Vietman con sus secuelas, son tramos del libro que McCann va enhebrando con recursos y tonos, ciertamente inesperados.

“Ciaran caminaba unos pasos delante de mí. Una persona puede parecer distinta de una hora a otra, según el ángulo de la luz del día. Creo que era mayor que yo, pero por un momento me pareció más joven y sentí el impulso de protegerlo.”

El encuentro y el desencuentro del ser humano traicionando lo que siente por lo que debería creer que siente.

“Me expresaba exactamente como Blaine, lo sabía. Todo lo que estaba haciendo era rechazar la culpa… Era como si hubiera incendiado la casa y buscara entre los escombros las cenizas de la que fui, pero sólo encontrara la cerilla que estuvo en el origen del siniestro. Me debatía frenéticamente, buscando cualquier justificación. Y, sin embargo, en algún rincón de mi mente todavía pensaba que tal vez era sincera, o tan sincera como podía serlo, tras haber abandonado la escena del accidente y haber huido de la verdad.”

Y la despedida siempre, porque en el mismo título del libro, por cierto, una frase hermosa, la vida sigue girando.

“Su mano rozó la mía. Ese viejo defecto humano del deseo. Pasé otra hora con él, durante la que apenas nos hablamos. El lenguaje corriente se me escapaba. Se volvió hacia el barman, le hizo una seña y le pidió dos copas más.
-          He de irme.
-          Me beberé las dos, replicó.
Salí del local. Antes de irme miré de nuevo hacia el bar. Ciaran estaba sentado a la barra. Cuando miró en mi dirección me quedé inmóvil. Entonces me apresuré a alejarme. En esta tierra hay rocas tan profundas que, por muy grande que sea la brecha, jamás verán la superficie. Creo que existe un miedo al amor.”

Que el vasto mundo siga girando, es el título del libro que en estos días estoy finalizando de leer. Premiada con el prestigioso National Book Award en el año 2009, la novela del irlandés Colum McCann es un desafío al pensamiento y también a la forma de vivir. Sus personajes llegan a todos los límites posibles, y bordean lo bueno y lo malo, la vida y la muerte. Y algunas veces los traspasan.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿Lo leíste?

Silvia HOPENHAYN, Alfaguara, 2013

Daniel Fuster, 11 de Diciembre 2013

Dice Hopenhayn en el prólogo : 
“Es una rara sensación de acople entre el texto que voy leyendo y mis ansias de compartir el efecto de su lectura; como si pescara algo intrépido de lo humano que aparece en lo escrito, y quisiera atraparlo antes de que se funda nuevamente en la historia… “
La presentación del libro fue en DAIN Usina Cultural el pasado jueves 5 de diciembre, y el panel estaba compuesto exclusivamente por “Libreros”, pero cabe aclarar aquí lo siguiente, transcribo los conceptos de Natu Poblet (Clásica y Moderna): Yo creo que estamos convocados como lectores antes que como libreros. Y el desarrollo del encuentro-presentación le dio la razón, porque hablaron de la lectura, de su intensidad, del placer de la misma, de la necesidad de compartir esas lecturas, del deseo de recomendar un libro. 

Alguien dijo, La lectura es una pasión que a menudo despierta otra: la de recomendar”.


Esta no es una reseña común sobre un libro, porque el libro no es un libro común. Para comenzar el título es una pregunta, que no deja de ser un cierto desafío, o una incomodidad como bien expresó con humor Luis Mey (flamante Premio Ñ 2013).

La dedicatoria que se encuentra al final rompiendo cánones literarios es otro de los detalles singulares del libro, y es por cierto muy bella:
A mi padre, Benjamín Hopenhayn, por su cuidado de las palabras y la alegría de la lectura, in memorian.

El espíritu del lector está reflejado en esta poesía:
“Ah, ese frescor en la cara de no cumplir un deber/ Faltar es, positivamente, estar en el campo./ […] Respiro mejor ahora que ha pasado la hora de las citas./ Falté a todas, con deliberación en el descuido/ […] Soy libre frente a la sociedad organizada y vestida./ Estoy desnudo, y me zambullo en el agua de mi imaginación./ Es tarde para estar en cualquiera de los dos puntos/ donde debía estar a la misma hora…/ Pues bien, aquí me quedaré soñando versos y sonriendo en cursiva./ ¡Es tan graciosa esta parte lateral de la vida! […]”. Extracto del poema de Álvaro de Campos (heterónimo del poeta Fernando Pessoa) incluido por la autora en Día del lector: el nacimiento de Borges.
Noemí Bank (Librerías Santa Fé), nos trajo anécdotas de la infancia de Silvia, cuando su padre la llevaba a la librería a escoger sus lecturas. Nos cuenta la misma Silvia en La palabra que inventó María Elena Walsh. “Uno de mis libros de cabecera, en el sentido literal de la palabra, un libro que durmió debajo de mi almohada, que se cayó de mi cama, que me esperaba despierto en la mesita de luz, o sea, que siempre estuvo cerca de mi cabeza, al menos en mis primeras lecturas, fue publicado el mismo año en que nací. Dailan Kifki, de María Elena Walsh… Yo tenía algo de ese elefante y quería que ese elefante tuviera algo de mí”.
Cuando a Silvia -que realiza una columna semanal para el diario La Nación- el día anterior le preguntan sobre que va a escribir, responde invariablemente: “No lo sé”. En esas tres palabras sobreviene el porvenir, cierta esperanza, una ilusión, una sorpresa que también es una incerteza. Es como el comienzo de la lectura de un libro nuevo. Imagino a Silvia sentada en su escritorio de espaldas a una ventana, es media mañana de un martes. Cuando alza la vista y observa su biblioteca, el cursor titila en el archivo que ha abierto en su pc. Piensa en las novedades que ha recibido durante el mes en curso y que se apilan en una esquina del escritorio, tiene los lentes puestos, sonríe al recuerdo de alguna anécdota o hecho reciente, de pronto se instala la serenidad en su rostro, no hay apremio, pero si decisión, ha logrado atisbar lo que quiere escribir y sonríe, se divierte imaginando el transcurso de su columna, recorre y reconoce los bordes que impone la edición de la misma en el diario, ¿Leíste todo esto reseñado en tu libro?, le pregunto. Silvia suspira y contesta, aunque en realidad piensa: “Es apenas una parte”, pero no me responde porque no estoy ahí. Me quedo pensando en ese apenas como un pedazo de mar en el que nos damos un chapuzón, el mar tan vasto, tan inalcanzable, tan inalterable; y en lo parecidas que son las sensaciones de sumergirse y de vastedad con el mundo de la lectura.


La presente reseña ha sido publicada  en Casa  de Letras, Escuela de escritura y oralidad, 
Silvia HOPENHAYN, (1966), escritora y periodista cultural. Dirigió el suplemento El Cronista Cultural; fue columnista de libros en radio; condujo en televisión programas literarios, los más recientes, “Mujeres x Hombres” y “Hombres x Mujeres”, recibió los premios Julio Cortázar de la Cámara Argentina del Libro, Konex de Oro, ATVC y FundTV. Fue corresponsal para Televisión Española del programa “Los libros” e integró el Jurado del Premio Alfaguara de Novela. Es coatura de los libros de ficción Cuentos reales (2004) y La espina infinitesimal (2006), y autora de la novela Elecciones primarias (Alfaguara, 2011) y los libros de conversaciones con escritores La ficción y sus hacedores y Ficciones en democracia. Tradujo, entre otros autores, a Gérard de Nerval y Jean Cocteau. Actualmente, es Jurado del Programa Sur para la traducción; escribe una columna semanal, “Libros en agenda”, en el diario La Nación; realiza el ciclo “En busca de un personaje” en la Casa de la Cultura (FNA) y el taller de lectura “Clásicos no tan clásicos”. Es docente de Casa de Letras, dictando cursos de Lectura y Análisis de textos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

UN DETALLE TRIVIAL

Libro de María José EYRAS.
¡Atención lectores! 
A no dejarse engañar por la ingenuidad con que la autora titula su primer libro de cuentos, que no es su primer libro. El título en sí ya es un desafío al que ALCION Editora se suma proponiendo una edición despojada de las habituales tapas. Con apenas un “detalle” ilustrando la misma, parece decirnos: 

“Señores el libro de María José EYRAS no necesita de bombos ni de platillos, pasen y lean”.
Los escritores nutren su imaginario de la vida misma, de la que viven, de la que los otros viven, y de la vida que no se vive. Pero si bien la vida de una persona queda signada por acontecimientos, “Se recibió de doctor”, “Aprendió violín de chico”, “Mató a su mujer”;  hay situaciones menores, detalles, trivialidades, que sin ser advertidos van contribuyendo a los principales hechos que serán recordados.
Esos detalles triviales son los que justamente EYRAS percibe, y con delicadeza y cierta picardía, no exentas de nostalgia, despliega en los cuentos.
Los relatos incluidos en este libro no dejan de interpelar al lector sobre el amor que aparece en todas sus facetas, el fraternal y el pasional, el amor que duda si es amor, el amor que nos tiene conformes y seguros, y el platónico. También EYRAS se anima ubicándose en el papel masculino del amor y lo logra. Una mujer casada se debate en la posibilidad de dejarse llevar por amor y pregunta:
-Mamá, ¿alguna vez te enamoraste de otro?
Los jazmines ausentes, la bolsa para los mandados, el recorrido de un guardia por un country. Textos donde abuelos, primos, vecinos; viven sus vidas con total naturalidad, mientras el narrador indaga en las pausas de los relatos sobre el sino de cada uno. Hernán Ronsino en la contratapa del libro dice: “Para qué escribir se pregunta un personaje del libro”.
“De pronto, Vera se siente agotada como un limón seco olvidado en un rincón de la heladera”. (Extracto del cuento Redención)
¿Hace falta una respuesta?


UN DETALLE TRIVIAL
de María José EYRAS
cuentos
ALCION Editora
Presentado en la Fundación Tomás Eloy Martínez
1 de Noviembre 2013

sábado, 26 de octubre de 2013

LAS 3 ALICIAS de MUNRO

Por Daniel Fuster

"Yo siempre pensé que iba a ser novelista. Me decía que cuando mis hijos fuesen grandes y yo tuviese más tiempo para escribir novelas, iba a hacerlo. El cuento estaba puramente determinado por el largo de las siestas de mis hijos. Pero después resultó que ésa fue la manera en la que aprendí a escribir y ya no pude hacer otra cosa."

Sentí una alegría muy particular al conocer la noticia de este premio Nobel para Alice Munro, para mí el más justo de los últimos tiempos, y enseguida pensé en Cecilia y María José, quiénes de alguna forma con su manera de desarrollar los talleres en los que participé consiguieron que la lectura de los cuentos de Alice fueran saboreados y disfrutados con delicadeza y claridad literaria.


Recuerdo que fue alrededor del 2008 que una reseña sobre Munro llamó mi atención. “El egoísmo de una rebelde puritana” era el título de la misma. Se estaba anunciando su libro más autobiográfico, “La vista desde Castle Rock”. Por esa época yo me abocaba a la búsqueda de autores contemporáneos. Mi tiempo de leer a los clásicos estaba algo fatigado, como asimismo (aunque aún no lo advertía) en breve comenzaría a dejar de escribir poesía de manera habitual.

"Escribo sin pensar si hay un tema de fondo, pero sé que una idea sólo me interesa si tiene alguna complejidad moral, si tiene varias aristas. No es que me guste crear personajes que estén reflexionando sobre problemas morales, pero sí marcar cómo de las decisiones que uno toma, de las rutas que se elige, uno se puede arrepentir tiempo después."

Escogí para homenajear a Alice Munro tres fotos que la ilustran en diferentes momentos de su vida y también tres párrafos de ella que intercalé en la reseña, que de alguna manera tienen su correlación con esas imágenes, LAS 3 ALICIAS de MUNRO, tres momentos en su vida.

"No sé si es porque a mi edad me sigo rebelando contra la educación puritana, pero amo la ropa, amo salir de shopping y tener un almuerzo como éste que sea una excusa para arreglarme en medio del campo. Pensá que durante treinta años yo cociné cada bocado que mi familia y yo nos poníamos en nuestras bocas. Cuando nadie mira, devoro Vogue, ..."


fuente de las citas:  por Juana Libedinsky  | LA NACION-2008

viernes, 11 de octubre de 2013

KOHAN EN ACCION

Por Daniel Fuster

Lo primero que se siente cuando uno ve a Martín de cerca es la energía que despiden sus ojos, luego cuando comience a hablar va a ser difícil detenerlo, pero lo que dirá no tendrá desperdicio.
Martín (ex alumno del Colegio Nacional Buenos Aires) debe haber sido inquieto y desobediente, el afán de María José (Eyras) de intentar poner cierto orden durante el desarrollo de la charla es una batalla perdida, porque Martín tiene tanto para decir –y lo dice -, que el mundo a su alrededor (nosotros) y las consecuencias que esto puede traer no importan.


No comienzo a escribir hasta que la novela no se ha consolidado en mi mente, pero cuando lo hago comienzo a despejar de mi entorno los compromisos, la familia, los amigos, las amantes y no me detengo. Dice que escribe todo a mano por el placer físico que le produce. No hay como tachar y ver lo tachado, esa corrección es muy diferente de una corrección en la computadora.  No puedo escribir en casa, necesito de los bares y de los cafés. Tips de un Kohan que nunca se detiene. 
¿Este tipo respira?

Sentado cerca de mí hay una persona plena de entusiasmo por lo que hace, un cuaderno Gloria o quizás sea Rivadavia, al que casi no le quedan hojas en blanco lo acompaña, viste una remera celeste deportiva y es fanático de Boca Juniors.
Cuando comienzo a escribir, lo hago con la sensación de estar en terapia intensiva, nos dice. Martín habla, habla, y habla.
Para mí la literatura es CONCIENCIA DE FORMA, y vuelve posible lo que es imposible.


Martín Kohan Premio Herralde 2007, por su novela Ciencias Morales.
Espacio de lectura y análisis de textos que dirige María José Eyras

10 de Octubre 2013, en Moreno 590 – Asociación Ex alumnos CNBA- CABA