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viernes, 8 de agosto de 2014

NO JULIO, equivocaste el título

Hay un tramo del recorrido del tren que tomo a diario para ir a trabajar, que se encuentra saliendo de Floresta en dirección a Once, en el que por unos momentos breves, apenas unos instantes y dependiendo de la velocidad a la que marcha el tren, puede verse un muro de ladrillos rojos muy alto y parte de la zona baldía cercana a las vías. Si uno alza la vista, para lo cual hay que acercarse a las ventanillas del tren, puede verse en lo alto de esa pared, el fondo de las casas del barrio. Esos momentos del viaje me recuerdan el cuento “Final del Juego” de Julio Cortázar.

El dibujo corresponde a Francisco de 11 años, el hijo de un amigo

Agosto es el mes en el que nació Julio Florencio Cortázar, hace ya cien años, y también en Agosto festejamos el día del niño. Me pareció bueno recordarlo así, con un cuento que incluye la palabra JUEGO. 
El que nunca dejó de JUGAR. 
Ni siquiera hoy. 
Tampoco mañana.
No Julio, equivocaste el título. Jamás hay final del juego.

Unos párrafos del cuento y donde encontrarlo para quién quiera leerlo.
“Lo que cuento empezó vaya a saber cuándo, pero las cosas cambiaron el día en que el primer papelito cayó del tren. 
< ... > 
Fue un martes cuando cayó el papelito, al pasar el segundo coche. Cayó muy cerca de Holanda, que ese día era la maledicencia, y rebotó hasta mí, era un papelito muy doblado y sujeto a una tuerca.”

jueves, 12 de junio de 2014

EL MUNDO CORTAZAR, homenaje en el día del Escritor

“Pero existe algo que el tiempo no puede, a pesar de su innegable capacidad destructora, anular: y son los buenos recuerdos, los rostros del pasado, las horas en que uno ha sido feliz”. 
de Julio Cortázar, en una carta de 1939, tenía 25 años.



Es tan vasto el universo literario de CORTAZAR, que me pareció mejor concentrarme en una etapa de su vida. Elegí apenas un pedacito que transcurre en la localidad de Banfield cuando con cinco años llega con su familia a la Argentina en 1919 y se establecen en esa localidad. Hoy la casa original no existe y hay un cartel indicador con la referencia de que allí vivió Julio Cortázar.

Cortázar empieza segundo grado con 10 años de edad, la escuela primaria en esos años comenzaba a los 8 años. Aparentemente el retraso se debió a que su madre intentó anotarlo en otra escuela. Testimonia Nicolaza Frega, una compañera de Julio cuando tenía 14 años: “Era hermoso, muy blanco. Tenía unos ojazos azules que bailaban solos. Estaba siempre impecable. Jamás se lo veía sin corbata, era muy prolijo. Y tenía un acento muy particular, con un gangueo como el de los franceses al hablar.”

El fondo de la casa era muy amplio, había árboles frutales y también algún sauce. En los fondos existía un potrero donde se jugaba al fútbol. El frente de la casa estaba protegido por una pared baja. Julio tenía un amigo muy querido a quién llamaba Doro, que vivía también en Rodríguez Peña pero en la vereda de enfrente.
Extracto del cuento Deshoras, “Estaba seguro de que entre mis amigos había pocos que recordaran a sus compañeros de infancia como yo recordaba a Doro, [...] Tan inseparables habíamos sido en esos tiempos del sexto grado, de los doce o trece años, que no era capaz de sentirme escribiendo separadamente sobre Doro, aceptarme desde fuera de la página y escribiendo sobre Doro. Verlo era verme simultáneamente como Aníbal con Doro, y no hubiera podido recordar nada de Doro si al mismo tiempo no hubiera sentido que Aníbal estaba también ahí en ese momento, [...] Y con todo eso venía también Banfield, claro, porque todo había pasado allí, ni Doro ni Aníbal hubieran podido imaginarse en otro pueblo que en Banfield donde las casas y los potreros eran entonces más grandes que el mundo."


En  el cuento Los venenos Cortázar recrea otros aspectos de su vida: "El sábado tío Carlos llegó a mediodía con la máquina de matar hormigas. El día antes había dicho en la mesa que iba a traerla, y mi hermana y yo esperábamos la máquina imaginando que era enorme, que era terrible. Conocíamos bien las hormigas de Banfield, las hormigas negras que se van comiendo todo, hacen los hormigueros en la tierra, en los zócalos, o en ese pedazo misterioso donde una casa se hunde en el suelo, allí hacen agujeros disimulados pero no pueden esconder su fila negra que va y viene trayendo pedacitos de hojas, y lospedacitos de hojas eran las plantas del jardín, por eso mamá y tio Carlos se habían decidido a comprar la máquina para acabar con las hormigas".

Cuando uno lee una frase o un párrafo de un cuento cualquiera de Cortázar siente enseguida que le hace bien, y hace tanto bien que se nos clava una sonrisa en la cara. "Volvé Cortázar, total que te cuesta" (Sic).

NOTA: algunos tramos de lo que aquí se incluye forman parte de una exposición que va a ser llevada a cabo en el Auditorio de la Municipalidad de Ituzaingó, el 13 de Junio de 2014, con motivo del día del Escritor.






martes, 20 de mayo de 2014

CORTAZAR por CORTAZAR, primeros años


Pasé la infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás. Fui un niño enfermizo y pasé mucho tiempo en cama, dedicado a los libros. Mi madre dice que empecé a escribir a los ocho años una novela que guarda celosamente a pesar de mis desesperadas tentativas por quemarla. En cierta ocasión un pariente descubrió mis poemas y se los dio a ella diciéndole que evidentemente esos poemas no eran míos y que los copiaba de alguna antología. Estaba tan dedicado a la lectura que algún médico llegó a recomendarle que leyera menos. 

Debíamos tener doce años y la novela que le presté a un compañero de clase era una que acababa de leer y me había dejado absolutamente fascinado; una de las novelas menos conocidas de Julio Verne, “El secreto de Wilhelm Storitz”, en la que Verne planteó por primera vez el tema del hombre invisible luego recogido por H.G.Wells […] me la devolvió diciendo: “No la puedo leer. Es demasiado fantástica.”, me acuerdo como si me estuviera diciendo eso en este momento. Allí me di cuenta de lo que me sucedía: desde muy niño lo fantástico no era para mí lo que la gente considera fantástico; para mí era una forma de la realidad que en determinadas circunstancias se podía manifestar, a mí o a otros, a través de un libro o un suceso, pero no era un escándalo dentro de una realidad establecida. 
Julio Cortázar, Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara)