Llueve, y aún
antes de que abra los ojos, dentro de la penumbra de su cuerpo, escucha llover.
Mzungu. Piensa la lluvia como una
corriente. Piensa en un río. Se incorpora en la cama y se
levanta. Ahora, sentado frente a la ventana, continúa oyendo llover. El canto
de los pájaros lucha por un espacio en sus oídos. Llueve. No ha escuchado el canto del gallo, no sonaron hoy las campanas de la iglesia, pero llueve. Aguza la vista, pero
solo puede oír que llueve. Mzungu. Piensa
que también podría ser mentira, que muchas cosas en esta tierra no parecen ser
lo que parecen, la hora por ejemplo, cada vez que mira su reloj debe pensarla.
Las bicicletas, las vacas y las personas, todo circula en forma desordenada y
con leyes que lo descolocan. Mzungu. Recuerda
las risas y el estribillo de aquella palabra y más risas. Las manos
acercándosele al cuerpo, a su pelo, a su ropa. Mzungu. Los sonidos a veces, tocándolo en algunas ocasiones, y más
preguntas y más gestos mientras camina. Mzungu.
Y la tierra roja que le va tiñendo los pies, que le va manchando la ropa, y las
risas. Las miradas llenas de risas rojas… Mzungu. Mzungu.
imagen: salida al mar. Piedrabuena, S.Cruz - Argentina
miércoles, 14 de agosto de 2013
domingo, 28 de julio de 2013
PODA
a Dorothy Parker. Nueva Jersey, 1893-1967
Ato
al perro que comienza a ladrar cuando ve aparecer a Jorge y al ayudante en el
patio. ¿Le dijo su señora como quiere cortar el árbol?, pregunta Jorge. Quiero
leer el diario, pero los ladridos y la motosierra que se acelera no me dejan.
Me dijo, le respondo a Jorge, y mientras hablo miro al fresno, y veo al cielo
que está gris y para llover. Mi mujer llama, quería saber si Jorge vino como
estaba acordado. Mi hija duerme a pesar de los ruidos de la poda. Jorge no me
asegura que este verano podamos tener buena sombra en el patio. No creo que la
primavera haga milagros es lo que dice. Entro a la casa, que hagan el trabajo
sin ser observados. Reinicio la lectura del diario pero mi mujer vuelve a llamar
preguntando como anda todo, “Como anda la cosa”, es lo que dice. Le digo que han
comenzado a podar el árbol. ¿Dónde estás? Me imagino que estás sentado a la
mesa de la cocina leyendo el diario. Salgo al patio, pero para hacerlo debo
rodear toda la casa. Las ramas que van cayendo y que el ayudante troza con un serrucho,
han cubierto la puerta de salida. El perro ladra, y el teléfono vuelve a
escucharse cuando arranca la motosierra, y aunque sea una obviedad le digo que
están podando el árbol, me dice que no va a llegar para el almuerzo. Despierto
a mi hija. No dormía. La habitación cerrada, la persiana baja, y la falta de
movimiento me hicieron pensar lo contrario. Afuera hay silencio, ni motosierra,
ni ladridos del perro. La poda que organizó mi mujer, “para proteger la casa“,
eso fue lo que dijo, está dejando al árbol ridículo. ¿Qué están haciendo papá
que escucho ruidos? Están podando el fresno, le contesto a mi hija. Me parece
bien, con una tormenta puede caerse sobre la casa -concluye. Las ramas que caen
sacuden el techo. Llamo a mi mujer, ¿Qué querés? Digo que me parece que se ha
roto algo en el techo. Por unos momentos parece que la comunicación se ha
cortado, pero no, mi mujer está ahí en la línea. Salgo y alrededor del tronco
principal hay montones de ramas. Sobre el techo está Jorge trepado al tronco
principal, con una mano se agarra del árbol y de la otra le cuelga la
motosierra. Abajo el ayudante mira en su dirección. “Dice mi mujer si se rompió
el techo, que si ha pasado algo”. Queda poco por cortar y aún deben sacarlo a la
calle. Entro a la cocina y llamo, “Jorge dice que no se rompió nada”. A mi
mujer no le gusta que el perro entre a su cocina. Salgo y el perro sale
conmigo. Parado en el medio del patio el ayudante de Jorge me habla. No
entiendo y grito para que me oiga: “¿Falta mucho?” Mientras hablo el perro sin
siquiera gruñirle lo muerde en una pierna. Aún estoy viendo al estúpido perro
mordiéndolo. El ayudante no grita, no se queja, y cuando miro su pantalón lo
veo húmedo donde el perro parece haber mordido. Se levanta la botamanga. Le cuesta
hacerlo, el pantalón no es lo suficientemente holgado y además, el ayudante tiene
buenos músculos en las piernas. Me llama la atención la piel blanca y lampiña
que parece de mujer, mientras una aureola violácea, donde los dientes
apretaron, se va formando. La piel está desgarrada, pero no hay sangre. El
árbol queda podado y Jorge dice que algunas tejas se han roto, que otro día las
cambia. Sacan las ramas a la calle y pago lo acordado, luego llamo a mi mujer.
El perro mordió al ayudante de Jorge, digo. Vinieron de un servicio de
emergencias. Hay que llevar el perro a observación, tiene que quedar en
cuarentena. La poda fue un éxito, terminé diciendo. Corto. Ato al perro.
viernes, 19 de julio de 2013
HABLO RARO
Gracias Liliana, por el humor y la dedicatoria implícita
un cuento de Liliana
Masse
Por ahí andan diciendo que yo, hablo raro. El
lunes por la mañana el diariero de mi barrio me dijo: andan diciendo que hablás
raro.
Según mi hermana, desde chiquito, cuando mamá miraba
en televisión novelas mejicanas. - Daniel Hernando, ¿fuiste tú el que
ha volcado la mantequilla sobre la mesa? - Si, madre, fui yo, pido
disculpas, no lo he hecho adrede.- Estabas como traducido.
Me encontré con Marta. Ella me gustaba mucho.
Fuimos al Olmo, en Pueyrredón y Santa Fe. Le dije: ¡Ah!
No es cierto, ángel de amor/ Que en
esta apartada orilla/ Más
pura la luna brilla/ ¿Y, se respira mejor?/…/ Que espera cantando al día/
¿No es cierto paloma mía?/ ¿Que están respirando amor? Marta miró a través de
la ventana del bar y trató de encontrar
la orilla o la luna. -¿Te sentís bien?, me preguntó.
Una tarde, en Charcas y Julián Alvarez, justo
en la esquina, me sentí descompuesto y empecé a vomitar conejos y sentía que el
pulóver me asfixiaba. La gente se agolpó
alrededor mío. Llamen a la ambulancia - dijo un vecino. – No, tranquilos, estoy
leyendo a Cortázar, ya se me pasa. Les
dije.
Invité a cenar a Julia. En el medio de la
velada me puse romántico y le dije: CON
MI YO Y MIL UN YO Y UN YO/ CON MI YO EN MÍ/… /MI YO ANTROPOCO
SOLO… Julia me interrumpió, se sonrió y muy tranquilamente me dijo: Estás
leyendo a Girondo.
Decidí
tratarme.
En fin, ya algunos se habían dado cuenta de mi
síntoma. Cuando en la charla con amigos
yo decía que había habido un asesinato y luego comenzaba a relatar la
investigación se daban cuenta que estaba leyendo a Claudia Piñeiro. Mis amigos
lo tomaron como un juego, y apostaban. El que adivinaba que era lo que yo
estaba leyendo, no pagaba la cerveza. Si
yo decía que un pavo real caminaba en medio del comedor, alguien gritaba: “Carver”. Un día llegué
hablando de psicoanálisis y de pacientes. El mozo se acercó con la bandeja en
la mano, me preguntó:- ¿Ud. No estará leyendo a Rolón? Lo que más los divertía
era cuando leía a Fontanarrosa.
Tanto fue así que un verano en el que la
temperatura era de 35 grados, yo andaba con bufanda, campera impermeable y
guantes, justo cuando leía Sukkwan Island. -No vio Zelig?- me preguntó el terapeuta.
-Véala. Me pasaba casi lo mismo que a Woody Alen. Entre mi terapeuta y mi
profesora de taller literario, me doy cuenta que estoy mejor. El síntoma ya está
desapareciendo. Ayer, cuando me desperté,
sentí que tenía varias patas peludas, y
me costó bajar de la cama. Mi familia me llamaba Gregorio.
El relato original fue adaptado a esta publicación manteniendo su esencia.
martes, 9 de julio de 2013
La historia de mi abuela tucumana
Un día como hoy nació mi abuela Margarita Barrionuevo en un pueblo rural de la provincia de Tucumán del que
no recuerdo su nombre. Eso me contaba papá cuando yo era chico y a mí me
parecía increíble tener una abuela que había nacido el día de la Independencia
y que además fuera tucumana. Cuando fui creciendo, la historia del nacimiento de
la abuela tucumana, que conocí de chico, que hablaba muy poco y que se murió
cuando todavía yo era bastante chico, me fue pareciendo más un cuento que una
verdad.
Lo normal para aquellas épocas de fines del siglo XIX, era anotar a los
hijos en el registro civil cuando se podía, más si era gente de zonas rurales, y
si el chico había nacido cerca de la fecha de la Independencia, solía decirse
que había nacido el 9 de julio. Era un orgullo. Cualquiera sea la realidad de
la fecha de nacimiento de la abuela, me gusta recordar la emoción del viejo contándolo,
quizás de ahí le viniera tanto cariño por todo lo que tenía que ver con la
patria, los himnos escolares, la identidad nacional, los desfiles donde no solo
los militares, sino también las asociaciones civiles, los colegios, y la
ciudadanía en general participaba con entusiasmo, aún en días tan fríos e
inclementes como el de hoy.
Los titulares del diario Clarín
de hoy Martes 9 de Julio de 2013, “Alegrías para Ramón”, “Massa rechazó la
re-reelección”, “Moyano volvió a exigir…”, “El 72% cree que creció fuerte la
corrupción”,…
Por eso este recuerdo personal
y esta pequeña resistencia a la realidad que surge de los medios de difusión.
“Feliz cumpleaños abuela” y “Feliz día de la
Patria”.
sábado, 29 de junio de 2013
Cuando JULIO le puso la tapa a RAYUELA
A 50 años de su
publicación repasamos este rasgo tan particular de Cortázar de ver las cosas.
Portada de la primera edición de Rayuela (1963)
Le escribe Cortázar a Francisco
Porrúa:
“Y ahora vamos a ponerle
la tapa al libro. ¿Conque estudiando la cosa con Esteban y, por un breve
minuto, creyendo que la rayuela quedaría mejor de pie?
…
No, che, yo creo que así
no va.
…
Imagináte que acabás de
comprar, haciendo un loable sacrificio, un ejemplar de Rayuela, y que sin
perder un instante te has sumido en su lectura. Si sos un hombre normal,
sostendrás el libro con la mano izquierda, mientras la derecha se ocupa de dar
vuelta las páginas, ir y venir con la pipa, alternándola con los tragos de caña
Mariposa que te habrá servido tu mujer, y de cuando en cuando hacer una ademán
de admiración que agita el aire de la estancia. Bueno, quedamos en que tu mano
izquierda sostiene el libro. Parte de la palma y la raíz de los dedos se apoyan
en la carátula, es decir en la Tierra. Pero la parte más espiritual de tu mano,
la punta de los dedos, la sed y la ansiedad que viven en la punta de tus dedos,
buscan del otro lado el Cielo, tal vez alcanzan a rozarlo, a entrar por un
momento en él.
¿Sentís la cosa? Tu mano también lee el libro…”
viernes, 14 de junio de 2013
ACÁ ENSEÑÓ CORTÁZAR
Para
llegar a la ciudad de Chivilcoy hay que tomar la ruta número 5 a la altura de
Luján, una zona complicada para manejar debido al mal estado del pavimento, agravado
todo por el denso tránsito de camiones. Unos kilómetros adelante, un tramo de
autopista reciente, despliega ante nosotros toda la generosidad de la pampa
bonaerense.
Hoy es el día del escritor, en
Castelar hubo un accidente de trenes. Otra vez.
El ingreso
por la avenida Mitre remonta a un tiempo anterior de la ciudad, las
edificaciones muestran un cierto abandono, y puede verse una estación de
servicio YPF cubierta de óxido. La actividad comercial por aquí es mínima. Es
evidente que el pulso de la ciudad ocurre en otro sitio. El largo de las
cuadras es inusual y abundan las plazas. Luego me contarán que Chivilcoy fue
propuesta por Sarmiento como “modelo” de ciudad a imitar en cuanto a su distribución
de hectáreas en pequeños productores y que pudo haber sido la capital de la
provincia de Buenos Aires. Visitaré museos y otros ámbitos culturales, una
radio y el espacio donde trabajan los periodistas, acompañaré a cubrir una nota
y compraré el diario del día. Por la tarde tendrá lugar un debate radial del
que participaré y una reunión literaria en la noche conmemorando el día.
-Quiero
conocer la escuela donde enseñó Cortázar, le dije a Martha hace un tiempo atrás
cuando el encuentro para el día del escritor era un hecho.
Escribe Cortázar en
una carta dirigida a Mercedes Arias, fechada en 1940 en Chivilcoy.
“La escuela, a la que me entrego
gozosamente, porque me gusta enseñar, es lo único que me aleja un poco de mis
preferencias absolutas; fuera de ello cierro los ojos a toda actividad que
presuponga dar el tiempo a fines extraños a mí mismo.”
El
día va a transcurrir de manera muy agradable, pero en esta ciudad, donde la
fuerza de la actividad cultural se siente, la presencia, o si se quiere la “ausencia”
de Cortázar nos acompañará siempre. Por eso
quiero finalizar esta reseña con una palabras que encontré un día caminando las
calles de Buenos Aires escritas en un muro y que decían así:
“Volvé CORTÁZAR. Total, que te cuesta”
13
de Junio de 2013
Daniel
FUSTER, invitado por SADE Seccional Chivilcoy
Gracias CHIVILCOY
sábado, 1 de junio de 2013
GOTEO
Posiblemente sea parvovirus, dijo el veterinario. El olor dulzón inunda el ambiente en el que estoy, y un sonido a borbotones lo acompaña, la asistente con cara de trágica circunstancia se detiene en la puerta semiabierta al escucharlos.
Es la hora en que las familias se reúnen alrededor de una mesa para cenar. Yo en este caso, me encuentro observando la pausa que hay entre gota y gota, cuento las gotas, mido con números el tiempo que las separa, el goteo del suero que no debe dejar de ocurrir. Cuando algo me distrae y pierdo el ritmo de las gotas, me inquieto y vuelvo otra vez a comenzar la cuenta.
Aquí, todo es silencio y la vida es una imagen de fotografía, pero la mente no descansa y me distraen los pensamientos del ritmo del goteo.
El momento, el instante que separa la vida de la muerte, se parece al efímero espacio entre dos gotas. Me aferro de alguna forma al goteo que mantiene la vida del cachorro echado sobre la camilla de acero inoxidable. Su pelaje se ha vuelto hirsuto, y ha comenzado a ralearse en el costado de las patas. Él no me mira, la deshidratación inesperada y violenta, vaya a saber adonde habrá llevado sus recuerdos. Sus instintos naufragan por el momento, no es más que un cuerpo maltrecho de cincuenta días.
Ciro ha dejado de comer hace dos días, tampoco resiste su organismo retener el poco de agua que intentamos darle a beber. La mujer mira al perro y luego me mira, no se acerca, tampoco dice nada, mantiene una distancia apática y acostumbrada de ver animales en este estado, donde el goteo y el silencio bordean la existencia.
La luz blanca de tubos fluorescentes duele, y rebota con el olor que se ha desprendido de los intestinos. Un hilo oscuro y amarronado se desliza por la camilla sin dificultad, al llegar a una esquina que forman el cuerpo y los bordes de la misma, un pequeño lago nace y crece. Sangre. No quiero mirar pero miro. No quiero estar acá pero estoy. El olor obliga,“Me quedo”, digo cuando el médico confirma que ya puedo irme. El goteo y esperar. Esta raza es de las más propensas, una tranquilidad, concluye: “No es contagioso para el hombre”.
Sobre el respaldo de la silla el collar rojo. El ritmo cardíaco dista de ser regular. El aire caliente del calefactor sisea y le solivianta el pelo, se lo esponja, hay cierta placidez que se parece mucho al alivio. Aparecen unos movimientos desordenados, una pata, un imperceptible ronquido, el regusto a la sangre se siente en la saliva, y la lejana, la remota satisfacción de sentirme mejor por haberme quedado.
viernes, 24 de mayo de 2013
DICEN QUE MIS CUENTOS TIENEN HUMOR
Por Daniel FUSTER
Alejandra LAURENCICH
habló de sus primeros contactos con la
lectura, de esa nena frente a las
letras de un libro y de su impotencia
por no poder comprenderlas, recordó a su hermano Sergio quién de alguna
manera la introdujo en la literatura, primero leyéndole aupada y luego
guiándola por las lecturas, el haber descubierto a Joyce en edad muy temprana,
y mencionó la década de los talleres con Liliana Heker.
Cuando Alejandra habla hay
naturalidad en lo que dice, hay franqueza y es clara. Tengo oficio responde
cuando se le pregunta cómo hace para escribir. Algunos son genios, yo necesito
del trabajo para lograr la escritura. Sus conceptos son contundentes y no
admiten equívocos al momento de interpretarlos. Hay que alejarse de las
emociones para poder escribir, hay que dejar decantar, hay que tomar distancia.
“Hay cosas que en la vida real significan
mucho, y en la vida literaria si no están debidamente expresadas, pueden significar
nada”, concluye sobre la verosimilitud de un relato.
Dicen que mis cuentos tienen
humor, nos comenta como si ella no estuviera de acuerdo antes de comenzar a
leer “Suerte o desgracia”, que forma
parte de su último libro, Lo que dicen cuando callan.
Cuando termina la primera página del cuento no podemos dejar de reírnos,
mientras ella continúa impertérrita con la lectura. El final del cuento, una dura ironía de tanta risa.
La literatura siempre nos
sorprende, Alejandra Laurencich, también.
Anoche, 23 de mayo, en Moreno
590, 1º piso - Asociación de Ex-alumnos del Colegio Nacional Bs. As, un espacio
de lectura y análisis de textos que dirige María José Eyras.
Contamos además con la presencia de Irene Chikiar
Bauer (autora de La vida por escrito de Virginia Woolf)
viernes, 17 de mayo de 2013
ANHELOS
Ellos subyacen entre lo cotidiano sin siquiera ser advertidos por nosotros, están; y nos hacen realizar acciones que no podemos explicarnos, nos detienen la realidad tintineando apenas entre el tráfico de la ciudad. Nos la pasamos buscándonos sin darnos cuenta de que lo hacemos.
Deseos de nuestro subconsciente, melancolías de la rutina.
viernes, 3 de mayo de 2013
VIAJO
Viajo en una ruta de agua/ de viento
Viajo sin control/ no atiendo señales
Viajo y me succiona/ el fin de un camino
Viajo convencido/ sé que no hay destino
Viajo y atravieso/ los llanos/ los valles
Viajo y sé te inquieta/ que Viajo tu sueño
Viajo y voy soñando/ lloviendo recuerdos
Viajo y en la música del agua golpeas
Viajo en la tristeza/ membranzas terrenas
martes, 23 de abril de 2013
23 de Abril, DIA DEL LIBRO
En
un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo
que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco
y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más
noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino
de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto
della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus
pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de
lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina
que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el
rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los
cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran
madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de
«Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que
deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja
entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento:
basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba
ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con
tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y
aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino
en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros
de caballerías en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo
haber dellos...
CAPÍTULO
PRIMERO
El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha
miércoles, 10 de abril de 2013
BATÁN, de Débora Mundani
2° Premio Fondo Nacional de las Artes 2010.
2° Mención Premio Clarín de Novela 2010, por la novela “El asiento vacío” (Batán).
2° Mención Premio Clarín de Novela 2010, por la novela “El asiento vacío” (Batán).
Soy
un lector ávido y exigente y mi paciencia finaliza sin excepción cuando el
texto no me captura. Mi llegada a Batán fue así: recomendación, búsqueda y
compra; subirme al colectivo, abrir el libro y de ahí en adelante, encontrar
que Batán posee la naturalidad de las cosas que ocurren en una familia
cualquiera, trivialidades, donde el comportamiento de cada uno de los
presentes, con el extrañamiento que la autora les imprime, les da una simpatía
que hace que nos identifiquemos con ellos, y eso cautiva. Como escucharla
hablar a Débora de su novela, de sus muchas idas y vueltas, todo rociado de
anécdotas, reflexiones y muchas risas. Batán destaca por la delicadeza en
ciertos detalles que siempre ilustran las escenas, y también por los diálogos
que irrumpen y no previenen al lector cuando avanza por las páginas del libro. La
voz de Paula y la presencia de Zitarrosa van atando y desatando presentes con
pasados, aparecen las nostalgias, sus broncas, y algunas señales que en forma
sutil nos ubican en época.
Alguien
dijo que batán puede asimilarse a un remolque que llevan los vehículos con
equipaje u otros menesteres, como los conflictos que se arrastran por el libro
y nunca logran resolverse.
La
vida misma.
BATÁN
novela de ficción
novela de ficción
editorial BAJO LA LUNA
160 págs.
año 2012
martes, 2 de abril de 2013
2 de ABRIL
imagen: extracto mural soldados en acampe Plaza de Mayo, abril 2013
El mes de
abril es uno de mis meses preferidos, posee una luz especial, el mundo
vegetal se muestra diferente y parece haberse detenido. Llueve mientras
escribo estas líneas, y la lluvia me gusta. En abril las personas ya no andan tan
apuradas por la calle, y es un período
de sensaciones multiplicadas por las pausas.
Era incómodo viajar en Unimog, y la incomodidad no tenía que
ver con el viento o las lluvias que esporádicas se colaban dentro del camión,
cuando aquellos eventos naturales aparecían, tampoco era la incomodidad de viajar hacinados. La molestia
que yo sentía mientras los demás dormitaban, tenía que ver con el
cambio tan brusco que había operado en nuestras vidas. No era el viento, no la lluvia ni el frío, tampoco el torpe andar del
camión, la incomodidad tenía su
origen, en el destino común que nos
aguardaba. La incertidumbre. Esto pensaba y no podía dejar de pensar, cuando por el agotamiento
del viaje quedé dormido.
Me desperté de madrugada con un dolor extraño a la
altura del riñón izquierdo. Era el cañón de un fusil de un compañero, que se había quedado trabado
contra mi cuerpo.
Fue mi primer miedo real, el primero de los que seguirían
viniendo, sorpresivo y metálico, con el cargador puesto, con la falta de saber usar
las armas, con el descuido y la temeridad que nos daba la juventud, porque
luego de removerme un poco, volví a
dormirme sin más. No mensurar los riesgos se parecía mucho a lo que nos iba a
ocurrir de ahora en adelante como soldado, como ciudadanos, y como País.
viernes, 15 de marzo de 2013
CONOCIENDO A ROLANDO GOYAUD
imagen: Antigua estación de Ituzaingó hacia el año 1874
El ambiente en
el que nos encontramos es acogedor. La mesa y las sillas donde nos sentamos son
sólidas y de un tinte marrón oscuro. Me ubico mirando hacia la ventana que da a
un patio, observar el verde de ese patio me distiende. Rolando comienza a
hablar sin premura. Hilvana cada una de las frases con sumo cuidado, y por
momentos parece distraerse, la memoria se queja sin mucho esfuerzo, cuando
tengas más años te va a pasar igual, le digo que ya me pasa. Estamos en el Museo Histórico de Ituzaingó “Clarisse
Coulombie de Goyaud”, que convive con la vida diaria de Rolando porque ahí
vive con su familia. Me cuenta del Museo, y al principio no se quita los
lentes, cuando lo hace y mientras me habla, mira mucho más lejos de la
conversación que estamos manteniendo. Llega un hijo a
la casa y me presenta, también llega su señora y nos presenta. Me siento cómodo
y lo escucho con atención. Me han invitado a un encuentro de Museos en 9 de
Julio, elegí Malvinas como tema para la ponencia, dice rápido. En qué puedo
contribuir, pregunto. Ya va, ya voy a llegar me dice para que tenga paciencia.
En un intervalo
que se hace entre los titubeos de su memoria y mi espera, le doy el libro que
le traje de obsequio, él me entrega uno de los suyos. En La dama del plumero (Premio Municipal Bicentenario de Morón) voy
a descubrir a Mamina, voy a disfrutar de una escritura sensible, y voy a
comprender también porqué el museo lleva el nombre de Clarisse.
Rolando vuelve a
repasar las circunstancias previas que considera necesarias para contarme
porqué me ha convocado..., comienza a contarme sobre Juan
Carlos Moreno, un historiador del siglo XX, un hombre que se interesó por
las Islas Malvinas, por su historia y por su realidad, un hombre que viajó en
varias oportunidades a las islas entre los años treinta y setenta, un hombre
que recibió post mórtem el premio Santa Rosa de Ituzaingó. Y entonces aparece en la conversación una
caja de cartón antigua. Esta caja fue encontrada por Rolando Goyaud hace
unos años, en la casa que habitó Moreno cuando vivió en Ituzaingó y que sus
descendientes al “vaciarla” de muebles y pertenencias, olvidaron en esa
vivienda de la calle Mansilla, una caja plena de testimonios fotográficos y
escritos del historiador sobre sus viajes a las Islas Malvinas. Rolando, mientras
la acerca dejándola a mi alcance, me observa y parece medir mis reacciones.
Levanta su tapa y saca un grupo de fotografías atadas por una banda elástica. Recorro
una por una esas fotografías y cada tanto leo la descripción que ha hecho
Moreno al dorso de las mismas. Un libro, una partida de nacimiento... hechos y novedades de los años sesenta que desconozco, que
muchos desconocen. Rolando me
extiende además unas fotocopias de un trabajo en edición, mientras me cuenta lo
que ha surgido de la lectura de los papeles encontrados en esa caja, la
posición de Gran Bretaña, la de los isleños, la siempre displicente y
cuestionable perfomance de nuestros diferentes gobiernos en aquellos años, y
mientras escucho pienso lo que he pasado como ex combatiente en el conflicto de
Malvinas cuando estuve bajo bandera en 1982, le digo que a pesar de haber transcurrido
treinta años aún no logro desprenderme de cierta emoción que me atraviesa
cuando estos temas tocan su recuerdo.
Me gustó conocer a Rolando Goyaud, tomar un café y conversar con él rodeados de objetos y presencias del
pasado de Ituzaingó, me gustó la historia de la caja encontrada y ver esas
fotos en blanco y negro, me gustó escuchar de Rolando el motivo por el que me convocó. Estas líneas. Yo leo y escribo
ficción, y muchas veces descubro que lo que llamamos historia la supera. Creo que este es el caso, y cuando gano la
calle -está fresco y ha comenzado a anochecer-, pienso que 1982 podría no haber
ocurrido. Camino hacia mi casa y mientras voy sorteando las baldosas rotas de
las veredas una agradable pero extraña sensación
que no puedo adjetivar, me envuelve.
biografía de Rolando Goyaud
http://es.wikipedia.org/wiki/Rolando_Goyaud
lunes, 11 de marzo de 2013
MARATON
Kilómetro 0 – Todo es fiesta. Calentás los músculos, lo hacés en forma mesurada, ves que algunos te
observan, consultás una y otra vez el reloj, aún falta, las manos sudan ,
hay aire, hay fuerza, hay deseos.
Hay algo inexplicable e inexpresable.
Hay algo inexplicable e inexpresable.
Kilómetro 2 – Cuando largaste apenas alzabas la
vista, hay que ver donde poner los pies para no tropezarse, ahora vas haciendo
tu espacio, paso a paso.
La gente saluda en las veredas.
La gente saluda en las veredas.
Kilómetro 4 – Has llegado casi a la mitad del
recorrido y te hidratás con sorbos pequeños, no podés beber y correr, otros sí, retomás el trote.
Vaciás sobre tu cabeza la botella de agua.
Vaciás sobre tu cabeza la botella de agua.
Kilómetro 6 - El sol cae vertical y lastima, la boca sabe a esencias del cuerpo.
Lo notás cuando la recorrés con la lengua.
Lo notás cuando la recorrés con la lengua.
Kilómetro 7 - Te han adelantado muchos, no has
sobrepasado a casi nadie, no hay sorpresas en esto. Tienes que convencerte que
el ritmo que has elegido es el que te conviene.
Lo estás.
Lo estás.
Kilómetro 8 – La gente grita y ríe y vos también,
aunque no se note, lo hacés con el pecho inflándose orgulloso de
estar ahí y de haber llegado hasta aquí, te sentís vivo, real.
El aire comienza a faltar.
El aire comienza a faltar.
Kilómetro 9 – A mil metros un dolor agudo envuelve la
planta de tu pie izquierdo, recorre tu pierna y hace que pierdas la sensación
de tu cintura.
Seguís corriendo.
Seguís corriendo.
Kilómetro 10 – Mirás con anhelo buscando la meta, no la
ves, todavía no, una rodilla choca con la otra, los gritos y la música te devuelven fuera de ti y allá está, increíble,
definida, y cierta, todo es fiesta.
Has llegado.
Has llegado.
jueves, 28 de febrero de 2013
LOS LOBOS
de Susana Pombo. Poesía.
Cuando Susana se me acercó un día del año pasado, no fue para mí una sorpresa. Y no sabría precisar porqué. Habíamos coincidido en alguna reunión literaria y ya la había escuchado leer sus poemas. Me había dejado el sonido de la poesía. Los que han escuchado a Susana saben de lo que hablo. Cuando en otra ocasión me pidió que la acompañara en una nueva presentación del libro, decirle que sí fué natural.
La pintura de Susana Linares que ilustra la tapa, sacude a quién se acerca al libro. Detiene. Previene.
Estructurado en tres partes, nos va introduciendo paulatinamente en un clima de incomodidad, no hay caricias, no hay sonrisas, hay un desprendimiento total del pensamiento que deja de lado prejuicios y con total honestidad, las poesías abren abismos de estupor. Como recorrer con los dedos una herida reciente.
Nos rodean.
Nos ocupan.
Y a veces, dice Susana, solo a veces...
Nos devoran.
El primer verso dice: "Olfatean la sombra de mi miedo"
...
El verso final poetiza: "Para que yo me hiera con la culpa"
Cierra el libro CARTA PERDIDA, un epílogo pleno de ternura, pero también de dolor.
Cuando Susana se me acercó un día del año pasado, no fue para mí una sorpresa. Y no sabría precisar porqué. Habíamos coincidido en alguna reunión literaria y ya la había escuchado leer sus poemas. Me había dejado el sonido de la poesía. Los que han escuchado a Susana saben de lo que hablo. Cuando en otra ocasión me pidió que la acompañara en una nueva presentación del libro, decirle que sí fué natural.
La pintura de Susana Linares que ilustra la tapa, sacude a quién se acerca al libro. Detiene. Previene.
Estructurado en tres partes, nos va introduciendo paulatinamente en un clima de incomodidad, no hay caricias, no hay sonrisas, hay un desprendimiento total del pensamiento que deja de lado prejuicios y con total honestidad, las poesías abren abismos de estupor. Como recorrer con los dedos una herida reciente.
Nos rodean.
Nos ocupan.
Y a veces, dice Susana, solo a veces...
Nos devoran.
El primer verso dice: "Olfatean la sombra de mi miedo"
...
El verso final poetiza: "Para que yo me hiera con la culpa"
Cierra el libro CARTA PERDIDA, un epílogo pleno de ternura, pero también de dolor.
LOS LOBOS
ed. La Luna Que, 56 págs.
2012
contacto con la autora: susana1732@hotmail.com
martes, 19 de febrero de 2013
Cuando a C la violaron
Yo estaba
ahí cuando a C la violaron, mientras ocurría. Estuve antes muy cerca de ella, y
no supe darme cuenta de lo que le estaba por ocurrir. En los momentos previos
la vi sonreír. Después, pero mucho después, luego de dos o de tres años,
comprendí el significado de aquella sonrisa. La vergüenza. Los nervios.
Una
vez que ocurrió a C lo que le ocurrió todo volvió a la normalidad. Me levantaba
en la mañana muy temprano, los demás también. Yo pensaba en ese entonces que
madrugar me alejaba de aquella posibilidad de recuerdo, esa imagen recurrente
que cuando dormía penetraba en mi privacidad inconsciente. Me equivocaba.
Presté más
atención a la vida cotidiana. Cambié el tipo de ropa que usaba. Dejé de llevar
el pelo suelto, grávido y a su antojo. Fui a la peluquería. El que me atendió
se negaba a llevar a cabo lo que mi mirada suplicaba. La rabia surgió cuando en
la oficina me miré al espejo. No pude llorar, me endurecía el recuerdo de C.
Seguí viajando en tren. En verano es más fácil
ir. En invierno es más fácil volver. La oscuridad y el olor conviven. El olor
algunas veces te ahoga más que el calor y la cumbia villera. “A diez pesos”,
dice el vendedor, “Por solo diez pesos”, repite, e insiste hasta que nos obliga
a mirarlo. Recorre el espacio inexistente entre la gente y cada tanto se
detiene, cuando lo hace golpea el acero de una cuchilla de cocina en el
pasamanos superior.
No siempre fue así. O yo no tenía conciencia que haya sido
así. Una mira las noticias, lee los titulares de los diarios, y advierte que
estas cosas ocurren. Pero le ocurren a otra. El tipo que venía detrás de C
llevaba una gabardina de color indefinido. No había lugar. Nunca lo hay. No hay
palabras a esa hora y en ese lugar. La comunicación solo se da a través de un
codo o una mochila.
Le hago un gesto para comprarle, pero antes le
pido que la quite del estuche y que la pruebe. No comprende. “¡Que la golpees!”,
le digo al borde del grito. Todos miran. Todos han escuchado. Busco el sonido
del acero en el pasamanos. El vendedor regido por alguna obediencia inexplicable
hace lo que le digo, luego se acerca y me extiende la cuchilla. Lo hace dentro
del envoltorio de plástico y cartón, lo rechazo con un gesto. Mientras le pago,
tomo con cuidado la cuchilla por el mango y la guardo en mi mochila. Todos
miran.
Cuento: un brazo, una panza, un hombro. Siempre estoy
contando. Lo peor es no poder contar. Sentir que no podés descubrir que es lo
que te está tocando, mientras algunas conversaciones ocurren a tu alrededor.
Esa conciencia del tacto, y esas charlas que encubren el hecho. El tipo abrió
su gabardina delante de C solo unos momentos y volvió a cerrarla, nadie salvo C
podía en ese tumulto ver o entender lo que había ocurrido. Para mí fue
suficiente ver la cara de C, mientras el tipo de la gabardina pasaba a mi lado
para descender en la próxima estación.
Ahora cada uno vuelve a su sueño y se alejan
de mí, no mucho, no hay suficiente espacio para ello, pero lo intentan. La cuchilla
me da cierto margen. He conseguido por diez pesos algunos centímetros a mi
alrededor.
miércoles, 6 de febrero de 2013
... y dónde estabas
Contaba sueños cuando despertaba
Contaba las horas cuando faltaban días
Contaba los minutos cuando faltaban horas
Contaba mentiras cuando llegaba tarde
Contaba amigos que me abandonaban
Contaba con vos… y dónde estabas
viernes, 25 de enero de 2013
¿Qué leyes se pueden imponer a los libros?
"El
único consejo, en verdad, que una persona puede dar a otra acerca de la lectura
es que no se deje aconsejar, que siga su propio instinto, que utilice su
sentido común, que llegue a sus propias conclusiones. Si estamos de acuerdo en
esto, entonces me siento con autoridad para proponer algunas ideas y
sugerencias, porque usted no dejará que coarte esa independencia que es la cualidad
más importante que puede tener un lector. Después de todo, ¿qué leyes se pueden
imponer a los libros?
...
En cualquier otra parte nos
pueden atar leyes y convenciones; ahí no tenemos ninguna."
Virginia Woolf
Homenaje, hoy, en el aniversario de su nacimiento.
viernes, 4 de enero de 2013
La TABLA de los DESEOS
Pasamos año nuevo en la costa, y solo vinieron la tía y la abuela desde la ciudad. Éramos pocos para lo que suelen ser las reuniones familiares de fin de año donde primos, tíos, abuelos, sobrinos y mascotas nos reuníamos de forma habitual. El tiempo estaba feo. Mucho viento, lluvia, y frío.
Luego de desayunar hicimos la clásica vuelta en auto por la ciudad. Para cortar un poco la mañana ya que no podemos ir a la playa –dijo papá. Después de almorzar, algunos se fueron a dormir la siesta, otros miraban televisión, y yo me quedé leyendo. Me dormí recostada en el sofá una siesta chiquita, por eso mismo la tarde anduvo más rápida y también porque estaban los preparativos para la medianoche.
Tina tomó para sí el acondicionar el departamento y la mesa para la cena. Colgó cosas que hizo con papeles en forma manual, puso velas, roció con papelitos de colores la mesa, que quedaron como senderos en la arena. También puso los platos y los vasos, escogiendo entre los más coloridos y vistosos. Todo quedó muy bonito. Tina se da mucha idea con estas cosas.
Papá había propuesto que jugáramos una lotería de fin de año todos, él dijo: "el gordo de Navidad" y luego se rió porque la Navidad ya había pasado. Los mayores pusieron plata para el pozo. Todos queríamos ganar esa plata para gastarla en la peatonal donde cada vez que pasábamos, todo, todo, nos llamaba la atención. Los grandes no se ponían de acuerdo en cuánta plata poner cada uno. La más generosa era la abuela a pesar de ser una jubilada.
La idea era que luego de cenar jugáramos, de esa forma el año nuevo nos encontraría distraídos y no comiendo o durmiéndonos como nos pasaba algunas veces.
No recuerdo cuándo, tampoco quién, aunque sospecho que fue la tía, no quise preguntar y preferí quedarme con la duda porque me pareció casi mágico ver ahí colgado ese papel en blanco y las fibras de colores. Sobre la puerta que comunicaba el living con la cocina, el papel rezaba: TABLA de los DESEOS, le saqué una foto con mi celular para mostrarla a mis amigas. Sonreí. Todos se pusieron contentos y nostálgicos con la idea.
Un nuevo cachorro… se apuró uno de mis hermanos a escribir.
Porque podamos realizar un viaje en familia al norte o al sur, escribí yo.
Que papá no me hinche con el teclado de la compu (escribió mi hermana más chica)
…
Buen clima, escribió no sé quién. Miré por la ventana. Seguía lloviendo.
Que vivamos felices por siempre (Tiago)
…
menos NO y más SI
adelgazar, escribió la tía.
…
Que la abuela viva cien años!!! Cuando leímos este deseo nos quedamos pensativos y unos momentos en silencio.
A todos nos llamó la atención lo que Tiago había deseado con sus diez años, también nos emocionamos cuando la abuela dijo: “qué voy a desear, ya estoy vieja”, y entonces escribió:
“Que se cumplan todos los deseos de todos lo que quiero.”
La tía daba la hora cada cinco minutos hasta que se hicieron las doce menos un minuto. Miré a Tina que había ganado el pozo de la lotería y a mí me pareció justo, sonreía mansamente. Los cohetes se escuchaban por todos lados e íbamos de una ventana a la otra para ver las estrellas multicolores que se formaban en el cielo. Brindamos con gaseosas y sidra, yo probé un poco. Al cabo de un rato la miré a la abuela que estaba sentada en un rincón, no sé si tenía sueño o estaba un poco triste. El mentón casi le tocaba el pecho. Me acerqué a darle un beso y me quedé. Cuando terminaron los fuegos artificiales juntamos todo y lavamos los platos. Me fui a la pieza a dormir, pero la Tabla de los Deseos me daba vueltas y vueltas. Estoy segura que nadie se durmió esa noche sin haber recordado lo que los otros habían escrito. Lo que habían deseado.
viernes, 21 de diciembre de 2012
LA CARTA DE ANA
Hace unos años, creo que fue allá por el 2007, descubrí en casa de mis tías una carta. Una prima de España les había escrito. Al leer la carta quedé atrapado por la forma en que Ana se expresaba y también por esa caligrafía que con esfuerzo creaban sus casi noventa años. Pedí prestada la carta, y en un impulso le escribí. Por supuesto que también lo hice de forma manuscrita sintiendo un placer remoto y casi olvidado: "Escribir una carta a mano y enviarla por correo postal".
Pasó un tiempo que resultó excesivo para el tipo de respuestas vía email a las que estamos hoy tan acostumbrados, pero al cabo de un par de meses llegó su misiva. Así comenzó esta relación epistolar que cuando la recuerdo me emociona. Ana falleció no hace mucho, nos habremos escrito, cinco, seis, siete cartas a lo sumo en esos años. No más. Sin embargo dejó en mi persona un recuerdo imborrable. Mucho más cuando su nieta Mar mientras me decía con un email que Ana había fallecido me contaba que les había pedido apenas unos días antes de morir: "Si me pasa algo por favor avísenle a Daniel".
Por eso escojo como cierre de un año muy bueno en lo personal estas palabras de Ana, a quién me hubiera gustado conocer personalmente.
Cuando lean parte de esta carta que no transcribí totalmente porque contiene cuestiones que son muy personales, quiero que se pregunten si esto no es acaso literatura, aunque Ana solo cuenta lo que le pasa y lo que recuerda cuando era chica, es decir Ana, la realidad, y la ficción, son uno, y se fusionan en la carta que sigue...
Gracias ANA.
Zaragoza Noviembre de 2008
Querido sobrino Daniel:
Recibí tu carta fechada el 31 de Agosto (que llegó a mis manos el 8 de Setiembre). No te pido disculpas por mi retraso, pues la verdad, es que te he dedicado muchas horas de mi poco tiempo libre, como puedes ver por las fotocopias que te adjunto.
Quiero que sepas todo sobre tus bisabuelos…, y sobre la marcha de tu abuelo a la Argentina, que tal vez no sepas y te interese saber.
…
Me dices que te gusta leer. En eso nos parecemos (aunque ahora, tan vieja, ocupada y torpe para andar, no me cunde el tiempo como antes y me queda poco para la lectura). Antaño leía en la cama a esas horas mágicas en las cuales no hay que hacer comidas ni fregotes, no llama nadie a la puerta, ni suena interrumpiendo el impertinente teléfono… Pero eso era antaño, hoy día todo me cuesta esfuerzo y acabo cansada y dolorida…
...
Me contó mi abuela que tía Antonieta, cuando era jovencita, mantuvo correspondencia, durante años, con su prometido, un joven Teniente destacado en Africa.
Mientras ella bordaba y bordaba haciendo su ajuar muy de exposición (primorosos bordados a mano, puntillas y encajes adornando lencería, ropa de cama y mesa, en cantidades exagerada, siguiendo la moda de entonces y la costumbre de la montaña).
Por fin un día todo estaba dispuesto para la boda. Se habían celebrado las amonestaciones, reunido los invitados, recibidos los regalos, contratados los músicos, el traje de novia, la comida semi-preparada, engalanada la Iglesia con flores blancas, los anillos, las arras… todo. Solo faltaba el novio.
Este escribía muy contento, decía haber ascendido a Capitán y obtenido mes y medio de permiso (para la boda y posterior luna de miel). Calculando cuanto le costaría cruzar la Península, de Algeciras al Pirineo, anunció su llegada para la víspera de la boda. Se le esperaba con ilusión e impaciencia, pero… no llegó.
Asi termina esta historia mientras veo muy cerca la Navidad y aprovecho esta carta para enviaros nuestra felicitación. Os deseo toda clase de prosperidades y salud y amor para disfrutarlas plenamente.
Con todo cariño, tía Ana.
Me contó mi abuela que tía Antonieta, cuando era jovencita, mantuvo correspondencia, durante años, con su prometido, un joven Teniente destacado en Africa.
Mientras ella bordaba y bordaba haciendo su ajuar muy de exposición (primorosos bordados a mano, puntillas y encajes adornando lencería, ropa de cama y mesa, en cantidades exagerada, siguiendo la moda de entonces y la costumbre de la montaña).
Por fin un día todo estaba dispuesto para la boda. Se habían celebrado las amonestaciones, reunido los invitados, recibidos los regalos, contratados los músicos, el traje de novia, la comida semi-preparada, engalanada la Iglesia con flores blancas, los anillos, las arras… todo. Solo faltaba el novio.
Este escribía muy contento, decía haber ascendido a Capitán y obtenido mes y medio de permiso (para la boda y posterior luna de miel). Calculando cuanto le costaría cruzar la Península, de Algeciras al Pirineo, anunció su llegada para la víspera de la boda. Se le esperaba con ilusión e impaciencia, pero… no llegó.
En su lugar se recibió la noticia. Fue una de las víctimas mortales de un choque de trenes. La novia quedó/ imagínate/ Decía haber comprendido que Dios no la quería casada y… prometió seguir soltera.
Con todo cariño, tía Ana.
sábado, 8 de diciembre de 2012
ESCRIBO DESDE LA COCINA
Escribo desde la cocina, sobre la mesa de madera que tiene el mismo hueco, esa depresión oscura que una plancha encendida provocara antaño, y escucho el sonido de mi madre yendo, con su piel blanca y pecosa, su paso tibio, su palabra justa y serena, su entusiasmo inquebrantable, su andar titubeante por los años, y esas arrugas que a multitudes caen por los costados de su rostro, que te observa desde la quietud del pasado, que te mira el alma descubriéndote en ella, ella que nunca pregunta, ella que siempre escucha y a lo sumo y sin juzgar te dice… ¿qué te pasa Dani?, y entonces volvés a ser pequeño...
Párrafos del relato Bahía Blanca incluido en esta 2da edición de La abuela Luisa, que fuera presentado en la Casa de la Cultura de la Universidad Nacional del Sur (UNS), el 6 de diciembre.
Gracias Delfina Gonzalez Prieto, y producción BAHIA DIRECTO
Canal 9 - Grupo TLF
http://www.youtube.com/watch?v=9MRuRu4WTnk
Gracias Bahía por la calidez de tu recibimiento.
Imagenes de la presentación:
http://www.facebook.com/photo.php?fbid=422134761188817&set=a.422134337855526.95357.100001768915238&type=1&theater
Gracias Liliana Castro Decana del departamento de Matemáticas de la UNS.
Gracias a la Secretaría de Extensión Universitaria.
Gracias Carlos Quiroga de Radio UNIVERSAL, FM 95.5
Gracias Gustavo Appignanesi y Alejandro Garay por haberme acompañado.
domingo, 2 de diciembre de 2012
LA ABUELA LUISA en la Casa de la Cultura de BAHIA BLANCA
Imagen: Casa de la Cultura de la Universidad Nacional del Sur
Auspicia: Secretaría General de Cultura y Extensión Universitaria.
El jueves 6 de diciembre, a las 18.30, en la Casa de la Cultura de la Universidad Nacional del Sur (avenida Alem 925) será presentado el libro "La abuela Luisa y otros relatos" de Daniel Fuster.
Estará acompañado en la ocasión por el doctor Gustavo Appignanesi y Alejandro Garay, quién estuvo bajo bandera durante el conflicto de 1982 con Gran Bretaña.
Fuster es egresado de la UNS y actualmente reside en Ituzaingó, Buenos Aires.
Por esta obra obtuvo el premio de la Faja de Honor SADE, en la categoría cuento, y recientemente declarada de Interés Municipal y Cultural en la ciudad de Ituzaingó.
Además, el autor ofrecerá un adelanto de su nueva novela "1982 Crónicas de un soldado sin guerra" a editarse el año próximo.
Los espero.
domingo, 25 de noviembre de 2012
LA ABUELA LUISA de Interés MUNICIPAL y CULTURAL
En el recinto del Concejo Deliberante de Ituzaingó, se presentó la 2da Edición de La abuela LUISA y otros relatos. Declarada de Interés Municipal y Cultural por decreto del Honorable Concejo Deliberante.
La apertura fue realizada por el Dr. Jorge Píccoli, Secretario de Cultura y Promoción Social.
El siguiente link, que contiene una reseña, fotos y video refleja la "fiesta" del encuentro.
http://www.lavozdeituzaingo.com/2012/11/24/2214/#more-2214
La apertura fue realizada por el Dr. Jorge Píccoli, Secretario de Cultura y Promoción Social.
El siguiente link, que contiene una reseña, fotos y video refleja la "fiesta" del encuentro.
http://www.lavozdeituzaingo.com/2012/11/24/2214/#more-2214
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